Embarazo adolescente
La representante del UNFPA, Ana Angarita, señaló –citada por un diario paceño– que de 4.000 casos estudiados cerca de “2.100 niñas estarían embarazadas o ya tuvieron un primer embarazo, son niñas embarazadas menores de 18 años”.Los municipios de Sucre, Tomina, Sopachuy, Camargo y...
La representante del UNFPA, Ana Angarita, señaló –citada por un diario paceño– que de 4.000 casos estudiados cerca de “2.100 niñas estarían embarazadas o ya tuvieron un primer embarazo, son niñas embarazadas menores de 18 años”.Los municipios de Sucre, Tomina, Sopachuy, Camargo y San Lucas en el departamento de Chuquisaca, La Paz, Viacha, Coroico y Andrés de Machaca en La Paz, Punata y Tiquipaya en Cochabamba, y Llallagua, Uncía y Tupiza en Potosí, fueron tomados en cuenta para realizar el referido estudio.Y para ello se revisaron más de 4.000 historias clínicas de los centros de salud locales que evidenciaron que muchas menores tuvieron su primer embarazo por falta de información o no accedieron al uso de anticonceptivos.Los casos desvelaron que las niñas-adolescentes embarazadas sienten temor de asistir a un centro médico, presumiblemente para no ser regañadas ni discriminadas y, en consecuencia, viven su maternidad silenciosamente.El último informe de Estado de Población Mundial 2015 del UNFPA señala que cada día, alrededor de 20.000 adolescentes de menos de 18 años de edad dan a luz en países en desarrollo como Bolivia, cifra que equivale a 7,3 millones de partos cada año.Es decir, el 95% de los partos en niñas-adolescentes de entre 15 y 19 años a nivel mundial tienen lugar en países en desarrollo, y cada año 3 millones de ese rango de edad recurren a un aborto en condiciones de riesgo, poniendo en peligro sus vidas y su salud.Por lo demás, las consecuencias de un embarazo precoz no sólo afectan a la adolescente sino a toda su familia. Es que cuando una niña-adolescente queda embarazada, su vida cambia radicalmente, es muy posible que no termine la escuela y se desvanezcan sus perspectivas de trabajo y proyectos de vida. El embarazo y el parto –por sus complicaciones– son la principal causa de muerte entre las niñas y adolescentes embarazadas. Además, una niña o adolescente que es madre es más vulnerable frente a la pobreza, la exclusión social y la discriminación.Y como si fuera poco, el embarazo y la maternidad temprana están estrechamente vinculados a la violación de los derechos humanos, ya que a una niña-adolescente embarazada que es presionada o forzada a dejar la escuela, se le niega su derecho a la educación; y a la que se le impide acceder a métodos anticonceptivos o a información sobre salud reproductiva, se le niega su derecho a la salud.Muchas son las causas que inciden en el embarazo precoz de niñas y adolescentes, entre ellas están los casos de quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad y son las más proclives a quedar embarazadas, tanto en los países desarrollados como en desarrollo.Es que las adolescentes pobres, con una educación deficiente o que viven en zonas rurales, tienen un mayor riesgo de quedar embarazadas, respecto de aquellas cuyas familias no tienen problemas económicos, son bien educadas o residen en las ciudades.No obstante, según el UNFPA, quienes corren el mayor riesgo de quedar embarazadas precozmente son las niñas obligadas al matrimonio infantil que viola sus derechos humanos. En los países en desarrollo, nueve de cada 10 partos en niñas-adolescentes ocurren dentro de un matrimonio o unión de hecho. Además, el embarazo puede tener consecuencias devastadoras para la salud de las niñas y adolescentes, ya que muchas todavía no están físicamente preparadas para el embarazo o el parto y, por lo tanto, son más vulnerables frente a las complicaciones. Por lo mismo, es obligación del Estado asumir medidas que garanticen a mujeres y varones el acceso a una educación sexual integral y la atención de la salud sexual y reproductiva. En ese sentido, una educación integral de la sexualidad, con enfoque de derechos y que promueva las habilidades psicosociales de los adolescentes y de los jóvenes, debe ser parte transversal del currículo educativo de la educación formal y no formal. Sólo así podrán ejercer sus derechos reproductivos de forma plena, saludable y responsable.


