Caraparí y el milagro de San Alberto
Luego el milagro se completó porque se supo que en Brasil hacía falta muchísimo gas y que el nuevo mega campo les sacaría de apuros.Ocho años más tarde un ducto llevaba el gas hasta Sao Paulo para dar energía a esa urbe de 21 millones de habitantes. Claro, con 5,3 Trillones de Pies...
Luego el milagro se completó porque se supo que en Brasil hacía falta muchísimo gas y que el nuevo mega campo les sacaría de apuros.Ocho años más tarde un ducto llevaba el gas hasta Sao Paulo para dar energía a esa urbe de 21 millones de habitantes. Claro, con 5,3 Trillones de Pies Cúbicos (TCF) de gas alcanzaba para, por lo menos, 20 años, quién sabe para 30. El milagro fue mayor cuando en mayo de 2008 Bolivia nacionalizó sus hidrocarburos y aumentó sus ingresos. Y el colmo de las buenas noticias llegó cuando los precios internacionales del petróleo, y por ende del gas, llegaron a sus récords históricos. El milagro iba a durar 10 años. Para un pueblo de menos de 10 mil habitantes en ese tiempo la noticia equivalía a la historia de los Beverly Ricos. Con la plata que iba a ingresar podrían solucionar sus problemas de agua, de luz, de producción agropecuaria, salud y educación. Claro, todos iban a tener gas en sus casas. Es decir, podía soñar en tiempos felices.San Alberto cumplió. Hasta Caraparí llegaron miles de inmigrantes atraídos por la fama del santo, la población superó las 16 mil personas. Y el dinero llegaba como de milagro. Baste pensar en que entre 2008 y 2013 a Caraparí le correspondieron cerca de 300 millones de bolivianos anuales por regalías.Vale decir que hipotéticamente podía repartirse a más de 20 mil bolivianos por cada carapareño. Cada familia podría haber vivido más de un lustro con ingresos de cerca de 100 mil bolivianos anuales. En otras palabras, con una administración más o menos responsable, Caraparí podría haber salido holgadamente de la pobreza y asegurar su futuro por varias generaciones.Rodeada, además, por tierras fértiles y reservorios de agua, las inversiones productivas estaban cantadas. “Sembrar el gas”, dijo una voz atinada durante años. Aunque no sea en agroindustrias, en comercio, en sociedades de diversa índole, en lo que sea seguro. “Sembrar el gas”, decía la voz. ¡La pucha!, ni quien la escuche.En el último año, los precios internacionales del petróleo empezaron a bajar aceleradamente. Peor aún, la producción del mega campo de Caraparí empezó a declinar. Cuentan recientes noticias que los carapareños se quejan de falta de dinero, trabajo y hasta de servicios elementales. En 2015, año del final del milagro de San Alberto, apenas una tercera parte de la población tenía gas domiciliario. En la plaza de Caraparí varias voces hablan de que no pocas familias y muchos jóvenes han empezado a emigrar.Ni a quién quejarse. Ni cómo pedir otro milagro a San Alberto.Si vale de consuelo, de esos que casi no valen, no es la primera vez que se desprecia un milagro así en el país. Las historias se reparten desde Potosí, pasan por varias minas orureñas, llegan a Beni y Pando, a Camiri, y a buena parte de Tarija.A ver cuándo se aprende. Porque claro, se podrá hablar contra los políticos corruptos e ineficientes, contra las transnacionales abusivas, contra los empresarios explotadores y mentirosos, pero el asunto es cuándo se aprende. Sin duda, el milagro tendrá que venir por ahí, y ese milagro ya no será asunto de San Alberto ni de ningún otro santo milagroso. A ver cuándo se aprende.


