Andrés Soliz Rada, adiós amigo “Chichi”

Lo conocí en esos fatídicos días del golpe de García Meza en 1980, cuando me mostró su máquina de escribir Olympia como un cernidor por las balas de los paramilitares que allanaron la agencia de noticias France Presse en uno de esos pisos del edificio Ayacucho. Era el corresponsal en...

Lo conocí en esos fatídicos días del golpe de García Meza en 1980, cuando me mostró su máquina de escribir Olympia como un cernidor por las balas de los paramilitares que allanaron la agencia de noticias France Presse en uno de esos pisos del edificio Ayacucho. Era el corresponsal en Bolivia y en ese tiempo uno de los perseguidos por la dictadura.Muchas horas conversamos sobre el carácter fascista del golpe y también dimos un repaso a la revolución nacional  del 52, la naturaleza de los golpes de Estado desde 1964, la nacionalización de la Gulf Oil Company en el gobierno de Alfredo Ovando Candia. También de cuando los periodistas crearon el semanario Prensa del Sindicato de Trabajadores de la Prensa de La Paz mientras él era su secretario ejecutivo.Era una etapa especial para el periodismo boliviano, tal vez emblemática por varios hechos. Se creó la columna sindical para que los trabajadores de la prensa opinen sin restricción sobre temas de su interés en las páginas editoriales de los medios de comunicación de ese tiempo. Se logró que “ningún periodista puede ser retirado de su fuente por emitir libremente sus ideas” aún sean en contra de la línea institucional del periódico o radioemisora.Las vivencias con Sergio Almaraz, Marcelo Quiroga Santa Cruz, los militares nacionalistas y progresistas, la experiencia de la Asamblea Popular durante el general Juan José Torres, el congreso de los trabajadores de la prensa en 1970, cuando los periodistas orgánicamente decidieron alzar los fusiles junto a la pluma para encarar las tareas revolucionarias; después vino la perversa política represiva del coronel Hugo Banzer Suárez, Víctor Paz Estenssoro (MNR) y Mario Gutiérrez (FSB). Cerca de un centenar de compañeros al exilio, entre ellos, Andrés Soliz Rada, decenas en los campos de concentración y confinados, otros perseguidos, las radios sindicales todas destrozadas.Hablamos de su paso por el periódico HOY, una trinchera de excepcionales periodistas de clase, la radio Continental de los trabajadores fabriles, fue uno de sus directores, hasta el restablecimiento de la democracia en 1982. De ahí en adelante, el combate al neoliberalismo, nunca renunció su convicción de lucha al lado de la clase obrera de las minas y las fábricas, los campesinos y los desposeídos de este país.Una vez en la Federación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia la primera tarea fue denunciar a Gonzalo Sánchez de Lozada por la abusiva apropiación de las grandes vetas mineras, en el parlamento expusimos  el macabro plan de la fortuna de ese político, por esa posición nos llevaron al Gran Cuartel de Miraflores para intimidarnos. Luego defendimos las reservas de la amazonia frente a la presencia de transnacionales que decidieron la explotación racional y sostenible de las riquezas forestales. Fue el primer pronunciamiento serio sobre los riesgos para la reserva de la fauna y la flora en el extenso territorio de los llanos del país.Publicamos el libro “Barbie criminal hasta el final”. En una visita a La Habana-Cuba nos encontramos con Gustavo Sánchez Salazar, un político de izquierda que fue ministro del Interior del presidente Hernán Siles Suazo y principal líder que entregó a Klaus Barbie (carnicero de Lyon) al Gobierno francés por los crímenes cometidos durante la Segunda Guerra Mundial.Sánchez Salazar me entregó los originales del libro para que la Federación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia encabezada por Andrés Soliz difunda el testimonio sobre la rol criminal de Barbie en las dictaduras militares en Bolivia y sea un auténtico documento de historia política, militar y paramilitar.En esos tiempos también enfrentamos la amenaza de la ley mordaza. El senador Mario Rolón Anaya de ADN mediante un proyecto de ley de 46 palabras intentó romper la Ley de Imprenta. Como nunca, los periodistas bolivianos unidos derrotamos esa pretensión en 46 días de lucha, organizamos en todo el país los jurados de imprenta y demostramos la vitalidad de esa norma que garantiza el derecho del pueblo a la información y la comunicación, la libertad de opinión y de expresión. Es apenas algo de tantos desvelos, anhelos y sueños compartidos con un hombre que izó su patriotismo, publicó tantas revistas, libros y artículos en una única línea de compromiso con el país. Hoy en el final de este día deja a Bolivia un ejemplo de vida para las generaciones que sienten la pasión de ver una nación libre y auténticamente soberana.Adiós, amigo.*es periodista


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