¿Qué personajes tarijeños rescatas?

Yo veo a Melvin como “el padre espiritual”, “el guía” si Tarija representaría el mundo, Melvin seguramente sería Sócrates, porque no dejó nada escrito, y es padre entre los padres de la filosofía, como maestro de Platón y Platón maestro de Aristóteles.  Melvin tenía una...

Yo veo a Melvin como “el padre espiritual”, “el guía” si Tarija representaría el mundo, Melvin seguramente sería Sócrates, porque no dejó nada escrito, y es padre entre los padres de la filosofía, como maestro de Platón y Platón maestro de Aristóteles.  Melvin tenía una capacidad para hacer reflexionar a las personas y estas podían entrar en razón por sí solas, como lo hacía Sócrates con la Ironía y Mayéutica para lograr un estado reflexivo en su interlocutor.Y otro personaje que rescato es Julio Barriga Cabezas, para hablar de este personaje, es obligatorio sumergirnos a las letras para que este tome forma. En muchas ocasiones he hablado con Julio, y he tenido la sensación de que estaba presenciando la vida de los poetas que yo había leído y devorado miles de veces, ¿qué de diferente pudo haber sido la vida de Baudelaire y la vida de Julio ahora?, ¿o la de Cesar Vallejo…? lo que hizo Julio por mí fue dejarme ver el lado humano de los poetas más intensos, y eso de verdad que quema. Julio Barriga y Melvin Ibáñez nunca se llegaron a conocer realmente, pero de alguna manera sí, porque yo le contaba al uno del otro y viceversa, y tampoco siempre coincidían en la misma literatura. Recuerdo que Julio me prestó “El entenado, de Saer”, lo terminé de leer y luego le presté a Melvin por el atardecer, y a las 9:30 de la mañana del día siguiente Melvin estaba tocando la puerta de mi casa para iniciar un debate y análisis sobre este libro. También recuerdo que entre tertulias, Julio me llevó a la tumba del poeta Roberto Echazú, tendió su mano como  un ángel y  derramó singani como si sería agua bendita, por un momento me dio la impresión de que Julio le reclamaba a la misma muerte por su amigo Roberto.Recuerdo cuando Melvin me dijo que tenía cáncer, me dio un abrazo y me dijo; “Jhon ahora debo vivir aceleradamente, no cuento con mucho tiempo”. Al mes antes de su muerte, recuerdo que en la mesa de su sala yacían tendidas unas impresiones de “Carta de despedida de Gabriel García Márquez”.Melvin me habló sobre las ventajas de tener cáncer, era como traer a la vida a la pequeña obra que habíamos compartido años atrás “Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom”, me dijo también que había algo más que deseaba leer antes de morir, eso era “Ulises, de James Joyce”, yo le dije que no se preocupe de Joyce, aquel libro fue mi regalo de despedida.También recuerdo que Julio quería leer un poema en su cuarto, pero no encontraba sus lentes para leerlo, e intentó leer sin sus lentes y comenzó a gritar “¡Carajo! ¡no veo nada!... estoy más ciego que Borges”, esas anécdotas de Julio que yo le contaba a Melvin, le causaban risas y sorpresas.La última vez que vi a Julio, le dije: “no sé qué hubiera pasado si te hubiera juntado una sola vez con Melvin, porque ustedes son dos personajes totalmente antípodas, e incontrastables”. Y recuerdo que le conté a Julio que Melvin no tomaba alcohol, o por lo menos lo hacía en las medidas muy moderadas de respeto y bailaba como si se va acabar la fiesta, Julio me dio una gran sonrisa por Melvin y me dijo: “Él sí que estaba loco, para hacer eso estando sano”. *Psicólogo y escritor


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