Percepción y efectos del Brexit en América
El Reino Unido era un socio privilegiado, se le eximía de la adopción del euro, con un acuerdo especialísimo que ni siquiera contemplaba un calendario de adhesión en un futuro hipotético. Londres conseguía también tener selladas las fronteras, sin aceptar el innovador sistema de...
El Reino Unido era un socio privilegiado, se le eximía de la adopción del euro, con un acuerdo especialísimo que ni siquiera contemplaba un calendario de adhesión en un futuro hipotético. Londres conseguía también tener selladas las fronteras, sin aceptar el innovador sistema de Schengen. El efecto en Europa ya está siendo demoledor, solamente se salva un sentimiento disimulado pudorosamente: el único beneficio puede ser haberse librado de un socio persistentemente incómodo, un invitado que frecuentemente se hacía notar de modo negativo. El Reino Unido era un freno a la plena integración europea, una tentación para la imitación de otros reticentes.Desde América este proceso se comenzó a ver recientemente, con cierta preocupación, en Washington. El presidente Obama expresó su deseo de una buena resolución, excediéndose en los modos diplomáticos. La imagen que el Reino Unido tendrá en Estados Unidos se deteriorará hasta extremos antes inesperados. La primera víctima del desastre puede ser el proceso de aprobación del Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión entre Estados Unidos y la UE (conocido por TTIP), que debía ser la réplica del que está inicialmente pactado entre Washington y los países del Pacífico. La ola de populismo y oposición al libre comercio contribuirá a la ralentización de lo que se considera como excesiva globalización, optando por el nacionalismo controlador de las iniciativas económicas y, sobre todo, políticas. El sucesor de Obama tendrá problemas en proseguir la alianza con Londres en temas estratégicos, ya que el Reino Unido se verá como un agente libre de la ya difícil cooperación europea en materia militar. Solamente quedará el ligamen a través de la OTAN, con unos socios europeos que se sentirán cautos al actuar con un colega al que verán libre de acuerdos en el seno de la UE.En el terreno comercial, desde Washington no se percibirá como positiva la nueva situación de Londres, desprovista de su envidiable estatus de eje financiero anclado en la UE. Se oirán los cantos de sirena de otras capitales europeas, sólidamente conectadas con la nueva red comunitaria, sobre todo si los líderes de Europa adoptan una política de refuerzo de la zona euro. Desde América Latina, la salida del Reino Unido será leída como la confirmación del abandono de la prioridad de los esquemas cimentados en la supranacionalidad y en la integración profunda. El mensaje del Brexit será la confirmación de la senda de la soberanía nacional. Todos los años que la UE ha invertido en compartir la bondad del modelo de integración europeo, basado en la fuerza de sus tratados y la eficacia de sus instituciones, serán considerados como una pérdida lamentable de tiempo y energía.El “modelo de integración” inspirado en la agenda norteamericana, tendiente a arreglos individuales o acuerdos limitados al comercio, superará a la ya debilitada doctrina europea. El Caribe, subregión con gran influencia británica, sufrirá por falta de vínculo seguro y se inclinará más hacia Washington. América, el continente más cercano desde el punto de vista histórico y cultural, además de político-económico, quedará más distante que antes de Europa.*es abogado, diplomático y catedrático


