Ralentización económica de China
El Gobierno chino ha tomado diversas medidas económicas en los últimos días para tranquilizar a los mercados y mejorar las perspectivas de su PIB. De acuerdo a las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía china crecerá este año 6,8% y un 6,3% en el 2016, no obstante,...
El Gobierno chino ha tomado diversas medidas económicas en los últimos días para tranquilizar a los mercados y mejorar las perspectivas de su PIB. De acuerdo a las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía china crecerá este año 6,8% y un 6,3% en el 2016, no obstante, de ser un porcentaje muy elevado comparado con los que registran economías occidentales, significa una ralentización respecto a las previsiones anteriores y, sobre todo, respecto a los crecimientos en los últimos años: 7,4% en 2014 y 7,7% en 2015. Ante esta desaceleración, China devaluó el yuan cerca de un 5%, asegurando que quiere dejar que el mercado fije libremente el cambio del yuan. Ergo, pretende que su moneda pueda equipararse al dólar de Estados Unidos, la libra británica, el euro y el yen, monedas consideradas reserva por el FMI y que son usadas como refugio de los inversores. El yuan no figura entre ellas porque el Gobierno chino ejerce un férreo control sobre las oscilaciones de su moneda: cada día establece un precio medio del tipo de cambio con el dólar y permite que fluctúe al alza o a la baja, hasta un máximo de un 2%. La pregunta estriba en si existe un riesgo de una guerra de divisas. Al respecto, ésta se da cuando varios países compiten entre sí para mantener su divisa artificialmente baja. Una divisa barata favorece las exportaciones, lo que tiene efectos positivos sobre la industria y el empleo, aunque empobrece a los ciudadanos y lastra el consumo interno. Los bancos centrales de los países pueden usar la devaluación competitiva como un poderoso instrumento para luchar contra la recesión. El movimiento de China ha arrastrado, a su vez, a las divisas de sus principales socios comerciales. Así, el servicio de análisis de Barclays ha alertado que en los próximos meses se podrían dar movimientos similares al de China en Tailandia, Corea, Taiwán o Malasia. Una guerra de divisas acarrea efectos negativos sobre la economía mundial porque hunde los precios de materias primas y de bienes de consumo durante un periodo de tiempo prolongado.El Banco Popular de China se está preparando para inundar el sistema bancario del país con una nueva ronda de liquidez (de hasta 90.000 millones de euros) destinada a impulsar el crédito. Durante la mayor parte de la última década, el Banco Central de China vendió yuanes y compró dólares para moderar la velocidad de apreciación del yuan, lo que explica las fortalecidas reservas de dólares, además de euros y yenes que les permiten seguir comprando en el exterior las materias primas que necesita, como el petróleo y minerales básicos. A ello se agrega que la tasa de ahorro de China es prácticamente la más elevada del mundo por una cuestión sobre todo cultural de la población, el ahorro de hogares, gobierno y empresas supera un 51% del PIB chino, frente al 17% del de Estados Unidos. Las dudas sobre la situación real de la economía china -la segunda del mundo- y la volatilidad de sus mercados, erosionó la confianza de los inversores y ha precipitado drásticas caídas en las bolsas mundiales en los últimos días, impactando también en los índices bursátiles de Latinoamérica, que tienen en China su principal comprador, conforme registran las bolsas de valores de Sao Paulo (Bovespa) y Buenos Aires (Merval). El mercado chino es destino principal de las exportaciones brasileñas y argentinas. Las que también no son ajenas a este impacto son las exportaciones de Chile y Perú.es abogado, diplomático y catedrático.


