Teorías de la conspiración en las elecciones de EEUU
El cerebro humano aborrece la incertitumbre y necesita “explicar” los acontecimientos pues de ese conocimiento surgen las acciones de defensa de su mundo tal cual lo conciben y quieren, y en el cual buscan sentirse “seguros”.En general, sin embargo, simplificando ad-absurdum las cosas,...
El cerebro humano aborrece la incertitumbre y necesita “explicar” los acontecimientos pues de ese conocimiento surgen las acciones de defensa de su mundo tal cual lo conciben y quieren, y en el cual buscan sentirse “seguros”.En general, sin embargo, simplificando ad-absurdum las cosas, los asustadizos comunicadores de las malas noticias “interpretan” entonces la situación y los hechos desde su particular visión del mundo y de la vida, cargada de prejuicios y sesgada por la ideología dominante.Estudios desarrollados en la universidad de Rutgers (EEUU) por Ted Goertzel revelan que las personas insatisfechas son las más proclives a creer en estas teorías y a manifestar su desconfianza en los políticos, los gobiernos, los partidos, las empresas, las cooperativas, etc. Siempre existirán, para ellos, motivos ocultos y “razones, para la sinrazón”.Las teorías de la conspiración, por otro lado, proveen a ciertos líderes políticos la justificación que necesitan para utilizar contra sus oponentes cualquier método, por criminal que fuera, para destruirlo. Ejemplos de ello son las purgas de Stalin en los años 30 o la notoria Subcomisión dirigida por el Senador McCarthy a comienzos de los 50. Las reglas de éxito para una teoría conspirativa son: promueva la creencia de que nada ocurre por casualidad; utilice eventos inconexos y déles nuevo significado; consígase un enemigo; exponga sus malas intenciones; desacredite a cualquier oposición como pagada por el enemigo; protéjase de sus detractores acusándolos de ser agentes a sueldo del enemigo; alerte al pueblo y prepárelo para cuando su brazo justiciero decapite al circunstancial chivo expiatorio.Obviamente, son los procesos eleccionarios, donde se disputa la titularidad del poder, los momentos más propicios para desatar todos los demonios conspirativos. En el caso particular que analizamos, la disputa por la presidencia del país que detenta el mayor poder militar de la historia de la humanidad, los EEUU, y donde uno de los candidatos, Mister Trump, encarna los miedos y prejuicios mas anacrónicos en esa democracia multirracial, tan contradictoria, acosada por el fantasma del terrorismo.Mister Trump no culpa de los supuestos “males” norteamericanos a los irracionales y codiciosos banqueros o a Wall Street, menos al sistema capitalista que engendra las desigualdades extremas que limitan el crecimiento económico, no, prefiere descargar su furia en los “perfidos” mexicanos o en los “inaceptables” musulmanes: “El sistema de justicia mexicano es corrupto, no quiero nada que ver con México, excepto construir una pared impenetrable y detenerlos para que no vengan a quitar el dinero de los EEUU”, dijo.Desde el anuncio mismo de su candidatura, Trump ha acusado a los inmigrantes mexicanos de ser criminales, violadores y traficantes de drogas, ha prometido deportar a 11 millones de ellos y quiere construir un gran muro a lo largo de la frontera con México. Su discurso de odio apela a las más bajas pasiones, como la xenofobia, el machismo, la intolerancia política y el dogmatismo religioso. Por otro lado, a pesar de que el Daesh o Estado Islamico interpela a una pequeña minoria de los musulmanes del mundo, Trump ha exigido que se impida la entrada de todos los que profesan el Islam a los EEUU y que sean detenidos y deportados masivamente. Los excesos de sus propuestas de política exterior son típicos de un creyente en las más absurdas teorías de la idea primaria que transmiten sus discursos: está en curso una gran conspiración internacional para destruir a los EEUU; sólo detendremos a quienes quieren destruir a los EEUU siendo poderosos militarmente y usando efectivamente nuestro poderio militar para destruirlos; vamos a hacer a los EEUU grande nuevamente. Los paralelismos con los discursos del Führer nazi son inagotables, como lo es su desprecio y trato a sus adversarios políticos: “Mal desempeño de la “retorcida” Hillary. “Lee tan mal del teleprompter! Ni siquiera se ve presidenciable”, etc, etc.Cabalgando sobre los miedos y prejuicios de la clase media baja alemana, fue como en el análisis de la emergencia del fascismo alemán de Leon Trotsky. Hitler llegó al poder en Alemania, con poses histriónicas, chaplinescas y también inventando un enemigo mortal al que había que exterminar: el pueblo judío. ¿Cerrará la puerta a Trump y a sus posiciones racistas y xenófobas, la madurez y la cultura democrática norteamericana? Lo sabremos muy pronto.


