Pueblos... originarios

La chilenidad, por ejemplo, sería invención advenediza y tardía. Lo único nativo  –en el continente- es ese 5% de población autóctona. El otro 5% son los euroinmigrantes y los que se creen tales para distinguirse de la masa. Incluso lo de “autóctono” es discutible. Sin embargo,...

La chilenidad, por ejemplo, sería invención advenediza y tardía. Lo único nativo  –en el continente- es ese 5% de población autóctona. El otro 5% son los euroinmigrantes y los que se creen tales para distinguirse de la masa. Incluso lo de “autóctono” es discutible. Sin embargo, quedemos por ahora en eso de “originario” que convierte, de “golpe y porrazo” a 400 millones de mestizos en extranjeros.Iberoamérica –tal cual hoy la conocemos- con todas sus cualidades y defectos es producto del choque entre la Península y el Nuevo Mundo. Aquí ingresan los conquistadores y exploradores que bajan de carabelas y galeones. No son turistas ni circunstanciales mercaderes. Vienen y para quedarse. Convierten el gigantesco espacio en domicilio. No traen familia, son célibes y ajenos a los prejuicios raciales. Generan una muchedumbre que numéricamente los supera: los mestizos. Como todo grupo dominante privan a las tribus de las muchachas. En ellas engendran estos “terceros en discordia”. Son los “hijos de la mezcla”, según feliz expresión de Rubén Blades.Los intereses forasteros, la leyenda negra y la sensiblería juvenil favorecen este marbete –“pueblos originarios”- que es mendaz. Ello porque en esta América –de Tierra del Fuego a Alaska- no es fácil establecer quien primero se radica. Cazadores siberianos, canoeros polinesios o maories australásicos serían el abolengo de las heterogéneas colectividades indígenas con las cuales, de modo gradual irán entrando en contacto -bélico o pacífico- el otro pueblo originario –hispanos y lusitanos- que también plasma nuestro ser nacional. Ello sin olvidar el contingente de afronegros.Nuestro sello es la mixtura. Los iberos ostentan vocación de mestizaje. A los pocos años de fundado Santiago de Chile, narra un cronista, “la quietud de la plaza es alterada por mozuelos con sus juegos y bregas”. Jamás esos adustos vecinos “importan” infantes desde España ¿Cómo es posible que -en el eje urbano central- aparezca ese enjambre de chavales con sus travesuras y riñas. Lo explico: es el fruto del “mestizaje florido”, dicho de otro modo, ya no son los que estaban ni los que llegan. Se trata de los protosantiaguinos, los primeros chilenos y como tales tan “originarios” como sus madres picunches. Vía ius sanguis y ius soli son nacionales.*Preside el Centro de Estudios Chilenos [email protected]


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