Idiomas, política e impostura

Ello también invita a comentar que, en la España actual, las autoridades de Vasconia y Cataluña -atrincheradas tras las autonomías- presionan a los educadores para el aprendizaje, respectivamente, del euskaro y del catalán. Sus usos son obligatorios para la docencia y, en aula, se prohíbe...

Ello también invita a comentar que, en la España actual, las autoridades de Vasconia y Cataluña -atrincheradas tras las autonomías- presionan a los educadores para el aprendizaje, respectivamente, del euskaro y del catalán. Sus usos son obligatorios para la docencia y, en aula, se prohíbe el castellano. La amenaza: si no cumplen, serán destituidos.Aquí en Chile no escapamos de la hipnosis “babélica”. Se comienza con la fiebre del inglés. Los planteles privados que lo ofrecen desde el jardín infantil duplican matrícula. Nuestra siutiquería es potente. Además, la cartera del rubro brega por introducir el chino mandarín. Hoy se genera la asignatura de Interculturalidad. Ello permite contratar personas sin títulos habilitantes para enseñar dialectos aborígenes como el mapudungún. Ello mientras se descuida el idioma patrio cuyas falencias son notorias. Lo anotado da pie para relatar anécdota de que soy protagonista.   Es 2004. Están, eufóricos los “copiones” mapochinos de la experiencia escolar española. La península vive, a horcajadas de la transición,  el destape. La democracia se expresa en quemazones del pabellón patrio y  la histeria de los particularismos regionales. Eso de “España una, grande y libre”  se considera una zarandaja franquista. El terror de la ETA se acentúa, El afán por la “modernidad” envuelve a la sociedad española. En ese contexto nos visita, en el Ministerio de Educación, donde me desempeño como asesor, una “experta”, al parecer, catalana. Dicta  conferencia sobre la reforma educativa ibérica. La cierra manifestado “les agradezco la atención prestada. Sin embargo, pido disculpas por no usar el idioma del país, sino el castellano”. Quizás por fatiga nadie repara en el disparate. Constituyo la excepción. Me pongo de pie y expreso: “Discúlpeme la colega española, pero aquí el idioma nacional no es el mapudungún, sino el castellano. Me avalan Gabriela Mistral, Pablo Neruda y 15 millones de paisanos”. El silencio que se produce se podía cortar con tijera. Lo altera sólo la invitación del ministro a un cóctel.

*Presiden el Centro de Estudios Chilenos CEDECH


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