Fútbol y dignidad

La historia se remonta a mediados de 1941, cuando las tropas nazis invaden Ucrania, por entonces parte de la ex Unión Soviética. Como toda invasión bélica suponía el fin de la vida normal como se la conocía y la transformación de la ciudad en un campo bélico en ruinas.La alteración de la...

La historia se remonta a mediados de 1941, cuando las tropas nazis invaden Ucrania, por entonces parte de la ex Unión Soviética. Como toda invasión bélica suponía el fin de la vida normal como se la conocía y la transformación de la ciudad en un campo bélico en ruinas.La alteración de la vida normal supuso, entre otras cosas, la desaparición de la liga de fútbol y de los equipos locales, el Dinamo de Kiev y el Lokomotive. La industria y los negocios locales estaban proscritos por el régimen y reservados únicamente para los alemanes. Esto, por supuesto, arrastró a Kiev a unos niveles dramáticos de pobreza.Uno de los favorecidos por el régimen era un panadero, al cual le permitieron mantener su negocio dados sus orígenes alemanes. Entre las pasiones de este panadero no sólo estaba el horneado del pan, también llevaba en su sangre los colores del extinto Dinamo de Kiev. Uno de esos días se cruzó en su camino el arquero y figura de su equipo Mykola Trusevich que, sin trabajo y sin hogar, recorría menesterosamente las calles de la derruida Kiev en busca de su sustento. El panadero, sin pensarlo dos veces, lo reclutó como trabajador para su negocio.La planilla de la panadería cada vez se fue inflando más, ya que el gran arquero del Dinamo de Kiev y el panadero se dieron a la tarea de incluir a sus excompañeros de equipo que habían permanecido en la ciudad.Esto coincidió con la convocatoria que hicieron las fuerzas de ocupación nazi a un campeonato de fútbol, que contaba con la participación de los aliados del nazismo y, por supuesto, de la misma Wehrmacht. Entusiasmados por volver a las canchas, este grupo de panaderos asistió a la convocatoria fundando para ello el Football Club Start. En el transcurso de los partidos disputados contra los equipos del invasor y de sus aliados, el FC Start fue granjeándose el aprecio de la gente, no solamente por su condición de representante nacional, sino por la calidad de su fútbol, que quedó demostrada en sucesivas victorias y en muchos casos en abultadas goleadas.El apoyo al nuevo equipo también generó sentimientos de revalorización del orgullo nacional, que se convirtió en un pretexto para recobrar la autoestima perdida desde la toma de Kiev por parte del ejército nazi. Los alemanes pensaron que esto podría acarrear consecuencias políticas y no podían permitir que quedara en entredicho la supremacía de la raza aria en todos los aspectos de la vida humana, incluyendo el fútbol; pues, como diría Juan Pablo ll: de todas las cosas sin importancia de este mundo, sin duda el fútbol es la más importante.Es así que el nazismo conformó un equipo, el Falkelf, con base en la poderosa fuerza aérea alemana, con la finalidad de acabar de una vez por todas la senda de gloria del FC Start y restablecer la supremacía aria, últimamente en duda. El partido entre el Falkel y el Start se llevó a cabo el jueves 6 de agosto (linda fecha) de 1942. En un lado de la cancha se podía apreciar 11 oficiales de la poderosa Lufwtaffe bien uniformados, con estados atléticos impecables;  al otro lado se veía un grupo de hombres famélicos que parecía que estaban en plena huelga de hambre, con uniformes remendados, y muchos de ellos calzando botas de trabajo, en ausencia de zapatillas adecuadas. Las diferencias eran notorias.Al cabo de los 90 minutos el cotejo se decantó en un cinco a uno a favor del Start, el júbilo y la reivindicación del orgullo nacional se podía sentir en toda la ciudad. En cambio, la bronca y el descontento alemán llegaron hasta el propio Hitler, quien no podía tolerar tal agravio y ordenó lavar esta afrenta al orgullo ario en un partido revancha a jugarse el siguiente domingo.Antes de que se lleve a cabo el cotejo, el equipo local recibió la visita de un oficial alemán que, con gestos y ademanes educados, sugirió que no se vería bien una derrota del equipo alemán y que por el resguardo de la integridad de los presentes lo mejor era una victoria alemana. El momento de los himnos y de los saludos, los jugadores del FC Start rehusaron hacer el saludo nazi. Fue la primera muestra de que los ucranianos no estaban dispuestos a ceder ante la presión nazi. Al cabo de los primeros 45 minutos, el Start vencía por tres a uno y cuando los jugadores se encontraban en los vestidores, recobrando el aliento para enfrentar el segundo tiempo, recibieron otra visita alemana que con la característica dureza militar sentenciaba que el ejército alemán no toleraría una derrota y si esto fuera así pagarían con sangre dicha ofensa.No lo pensaron mucho. Era la oportunidad para darle una lección al que cree que tiene comprada su vida y la tuya, y el segundo tiempo acabó con un resultado de cinco a tres a favor de los oprimidos. El festejo fue alargado mientras el equipo alemán dejaba su humillación en la cancha.Un par de días después la amenaza entró en acción y uno a uno los héroes del Start fueron arrestados por la Gestapo y enviados a campos de concentración, donde tres de los jugadores, incluyendo al arquero, fueron muertos por la bota nazi.Me imagino que todo tipo de pensamientos pasaron por la cabeza de estos hombres y los imagino a ellos también ahí sentados, reflexionando sobre lo que acababan de oír. No eran dirigentes políticos o autoridades militares, eran simplemente unos hombres comunes que en ese momento se debatían entre ganar el partido, que implicaba la muerte, o rendirse al opresor. Era la representación en un campo de fútbol entre los negados y el abusador, entre los de arriba y los de abajo, entre los acomodados y los desplazados, entre los oprimidos y el opresor.Algunas ocasiones ganan los oprimidos. *fue parlamentario.


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