Reacciones ante la aprobación de la Ley de Identidad de Género

El conflicto interior de los asambleístas, adscritos mayoritariamente a su fe no sólo a su partido, sino también a alguna de las iglesias cristianas, llevó a fracturar el voto. La ley tuvo el apoyo de todas las bancadas, ¡pero ninguna de ellas la apoyó unánimemente! Resulta por lo menos...

El conflicto interior de los asambleístas, adscritos mayoritariamente a su fe no sólo a su partido, sino también a alguna de las iglesias cristianas, llevó a fracturar el voto. La ley tuvo el apoyo de todas las bancadas, ¡pero ninguna de ellas la apoyó unánimemente!


Resulta por lo menos curioso que una ley que tiene por objeto establecer el procedimiento para el cambio de nombre propio, dato de sexo e imagen de personas transexuales y transgénero en toda documentación pública y privada vinculada a su identidad, permitiéndoles ejercer de forma plena el derecho a la identidad de género, haya causado semejante polémica. 


El reconocer que ciertas personas se sienten como pertenecientes al género opuesto al que se les asignó al nacer y que optan por una intervención médica para adecuar su apariencia física - biológica a su realidad psíquica y social, y que esa realidad merece ser normada, no justifica semejante violencia verbal.


Lo propio podemos decir para el reconocimiento del hombre o mujer cuya identidad de género no corresponde con su sexo asignado al momento del nacimiento, sin que esto implique intervención médica de modificación corporal. 


A estas personas, transexuales y transgénero, el Estado Plurinacional de Bolivia, les garantiza:


1) el libre desarrollo de su persona de acuerdo a su identidad de género


2) la no discriminación y el derecho a la reparación o satisfacción justa y adecuada por cualquier daño sufrido como consecuencia del acto discriminatorio


3) el trato de acuerdo con su identidad de género y, en particular, a ser identificada o identificado de ese modo tanto en la vida pública como privada


4) el respeto a su integridad psicológica, física y sexual


5) el ejercicio de su autonomía física, relacionada a la libertad y capacidad de una persona de modificar o no su imagen corporal


6) el ejercicio de sus derechos y cumplimiento de obligaciones derivados del vínculo familiar de descendientes, ascendientes, ex cónyuges y afines previamente adquiridos al cambio de identidad de género.


Esta ampliación de los derechos de minorías discriminadas y  maltratadas es producto de una larga lucha que ha tenido sus frutos en muchos países; sin necesidad de ir muy lejos, en la Argentina, se aprobó la Ley de Identidad de Género, el 24 de mayo de 2012


Volvamos, entonces a ensayar una explicación a las reacciones urticantes de los sectores religiosos conservadores.


Es evidente que la primera condena, en escala geológica, a la homosexualidad se dio, en la mitología judeo-cristiana, con la destrucción de Sodoma y Gomorra. De acuerdo al relato bíblico, los sodomitas intentaron sodomizar a los ángeles de la muerte que estaban visitando a Lot, sobrino de Abraham. Lot pretendió defenderlos sugiriendo que, en todo caso, tomaran en su lugar a sus dos hijas vírgenes y así no tocar a los emisarios de Jehová. Esta moción no fue aceptada por la delirante muchedumbre. Luego sigue el escape de Lot, la conversión en estatua de sal de su mujer, ¡el terremoto y la destrucción completa de Sodoma! (Génesis. 19).


El amor homosexual fue, con pequeñas excepciones, considerado, a partir de entonces, como una “abominación”. Una de esas “pequeñas excepciones” toca a uno de los personajes mas queridos y admirados del antiguo testamento: el Rey David. 


David amaba profundamente a Jonathan, hijo de Saúl. Al enterarse de su muerte en el campo de batalla (Samuel, 1:26), el guerrero expresa elocuentemente: “Angustia tengo por ti, que me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres”.


Pero a David se le perdona todo: el sacrificio de su mejor comandante Urias, para quedarse con Betsabé, su mujer; su conducta homosexual, etc.


La “moral” cristiana está, desde entonces, marcada a fuego por la condena visceral a las conductas homosexuales y esta realidad solo recientemente ha sido sometida dentro del catolicismo a dos tipos de revisión, gracias al papa revolucionario: por un lado a dejar de lado el encubrimiento vergonzante a los casos de pedofilia que protagonizaron legiones de sacerdotes y, por otra, a la actitud de tolerancia y respeto de Francisco hacia los hombres y mujeres del colectivo LGBT.


La “moral” griega, por otro lado, siendo, como es, una de las fuentes constituyentes de la civilización occidental, siempre mostró otro rostro menos hostil y más humano hacia esta problemática. Nadie desconoce el amor de Aquiles por Patroclo, ni el que profesaba Sócrates a Alcibíades, ni el poder místico que se desataba en Lesbos.


Finalmente, cuanto más pobres espiritual y culturalmente fuéramos, si no hubieran existido un Tchaikovsky, un Michel Foucault, un J. Sachs, un Alan Türing, un Baryshnikov o un Nijinsky y miles de otros similares.


De manera que nos sumamos en su alegría a los miembros de este colectivo y felicitarlos por una victoria más en su larga lucha contra prejuicios milenarios.


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