Tarija, por una ciudad más humana
Pasamos tiempos donde la ciudadanía transcurrió inerte ante la destrucción de la urbe y su habitabilidad, que, a nombre de la modernidad y el progreso, nos fuimos convirtiendo en una ciudad deshumanizada, en su más amplia expresión. Nos referimos a un modelo de desarrollo urbano donde...
Pasamos tiempos donde la ciudadanía transcurrió inerte ante la destrucción de la urbe y su habitabilidad, que, a nombre de la modernidad y el progreso, nos fuimos convirtiendo en una ciudad deshumanizada, en su más amplia expresión. Nos referimos a un modelo de desarrollo urbano donde terminaron instalándose la violencia, la desigualdad y el individualismo, lo que se reprodujo en patrones a favor del automóvil, las avenidas, las urbanizaciones o por el impulso orientado a demoler antiguos edificios y/o abolir la dinámica de los barrios, eje articulador y de convivencia sana entre las personas. Esto sucedió por los autoritarismos burocráticos que no estuvieron a la altura de los tiempos históricos, dadas las decisiones unilaterales, cerradas, prebendales y deshonestas, lo cual originó que habitemos en una ciudad en continuo estado de coma. Sin embargo, la lucha no concluye. Desde la ciudadanía no renunciaremos a nuestros sueños, porque nos interesa legar para nuestros hijos una tierra con oportunidades y mejores condiciones humanas de vida.Esto aún es posible. Para ello, deberemos crear y hacer cumplir políticas públicas con nuevas formas de mirar los fenómenos urbanos. De inicio apuntamos a tres factores claves desde donde abordar la vitalidad de una ciudad: calles, barrios y comunidades. Empezaremos preguntándonos: ¿cómo perciben los vecinos a sus barrios?, ¿cómo usan sus calles?, ¿juegan los niños en las calles y parques?, ¿cómo interactúan los vecinos?, ¿cuánto compromiso existe ante lo público?, entre otras interrogantes.Este tipo de planteamiento nace de la doctrina de Jane Jacobs, eminente urbanista y provocadora social, quien señala que involucrándonos en el imaginario de la gente, comprendemos e identificamos sus vínculos, relaciones formales e informales, uso y gestión de los espacios, obteniendo como consecuencia la revaloración de lo público como un bien de todos. Entonces, deberemos actuar desde lo ciudadano y su empoderamiento hacia el espacio público, como principio natural de bienestar social, lo que nos acercaría a contar con una ciudad más humana y distanciada de la violencia y la inequidad.
*comunicador social





