A 133 años de la muerte de Karl Marx
Como señala Terry Eagleton, “…no existen gobiernos cartesianos, tampoco sindicatos hegelianos o guerrilleros platonistas”. Ni siquiera los más implacables críticos del filósofo judío – alemán pueden negar que cambió para siempre nuestra comprensión de la historia humana.Ludwig Von...
Como señala Terry Eagleton, “…no existen gobiernos cartesianos, tampoco sindicatos hegelianos o guerrilleros platonistas”. Ni siquiera los más implacables críticos del filósofo judío – alemán pueden negar que cambió para siempre nuestra comprensión de la historia humana.Ludwig Von Misses, un acérrimo enemigo del marxismo, describió al socialismo como “.. el más poderoso movimiento reformista que ha conocido la historia, la primera tendencia ideológica, no limitada a una porción de la humanidad, pero apoyada por pueblos de todas las razas, naciones, religiones y civilizaciones”.Sin embargo, en los inicios del siglo XXI, cuando se ciernen nuevamente sobre el capitalismo los nubarrones de una recesión global de imprevisibles consecuencias, se levantan voces que cuestionan la validez de su pensamiento humanista y quieren confinarlo al inofensivo mundo de la arqueología junto a los movimientos políticos que, basados en su doctrina, colocan al hombre en el centro mismo de los objetivos del desarrollo social. Son las mismas voces de la reacción conservadora que escuchamos en Venezuela, Ecuador, Brasil, Argentina y Bolivia: la sociedad de iguales es una utopía, devuélvannos nuestros antiguos privilegios, retornen a la caverna, basta de atrevimientos, respeten nuestra superioridad de sangre, de dinero, de poder, ¡esta es la ley de la vida y no puede ser cuestionada sin consecuencias!Estas voces amenazantes no pueden, al mismo tiempo, cuestionar el hecho de que el marxismo es, de lejos, la crítica más rica, teóricamente hablando, y políticamente más inclaudicable del sistema capitalista. A pesar de sus detractores, el sólo hecho de que en este siglo se mencione todavía la palabra “capitalismo” es un justo homenaje a Marx quien fue el primero en identificarlo como un objeto histórico y estudiar cómo emergió de los escombros del feudalismo europeo, cuáles son las leyes que lo rigen y cómo podrían, los explotados del mundo, terminar con él.Volviendo a Eagleton, “…en la misma forma en que Copérnico nos permitió darnos cuenta de que no éramos el centro del universo; en que Newton descubrió las fuerzas invisibles conocidas como las leyes de la gravedad; en que Freud desnudó los mecanismos de ese fenómeno invisible llamado el inconsciente, de la misma manera, Marx, desenmascaró los efectos en nuestra vida cotidiana de esa imperceptible entidad conocida hoy como el modo capitalista de producción”.De manera que es ahora parte del sentido común de la humanidad el convencimiento de que el capitalismo no es ni tiene por qué ser eterno ni “natural”, sino un producto histórico de los últimos tres siglos de desarrollo económico, industrial, tecnológico y político.Pero, ¿será verdad que el supuesto éxito del capitalismo y el pretendido fracaso de los primeros ensayos de socialismo, ha enterrado al marxismo revolucionario? De ninguna manera. En nuestro tiempo, como lo predijo Marx, los niveles de desigualdad se han profundizado de manera extrema. Los ingresos de un multimillonario mexicano son equivalentes a los ingresos de los más pobres 20 millones de sus compatriotas. Es evidente que el capitalismo ha creado más prosperidad que cualquier otro sistema en la historia, pero el costo para millones de desposeídos ha sido astronómico. De acuerdo al Banco Mundial, el siglo XXI se inicia con más de 2.740 millones de seres humanos viviendo con menos de dos dólares diarios. La crisis griega; el colapso de ciudades enteras como Detroit; la invasión a Europa de cientos de miles de refugiados hambrientos provenientes del oriente medio, la zona del planeta más rica en hidrocarburos; la tendencia declinante de la tasa de ganancia global y el consiguiente frenazo a las inversiones y desaceleración que afecta a la economía china, etc. son señales inequívocas de una nueva y violenta crisis del sistema, una “crisis cíclica”, para usar una terminología marxista. En estas condiciones no es extraño ver cómo se fortalecen en nuestro medio las tendencias racistas y el cretinismo cultural. Cómo se privilegian nuevamente los intereses de los sectores tradicionalmente dominantes que retomaron la conducción de la cosa pública en desmedro de los programas sociales destinados a los más pobres. En estas nuevas condiciones tan duras y complejas, como escribe Fredric Jameson, ¡“el marxismo debe nuevamente convertirse en una verdad” y en una guía para la acción!


