La escalofriante violencia cotidiana

Abrir el periódico un día cualquiera nos conecta con una realidad a veces poco perceptible o, en su caso, llamativa, pero que es asumida fenomenológicamente. Nos encontramos con noticias como éstas, referidas a casos extremos de violencia. En Sucre, una mujer de 29 años fue asesinada con 33...

Abrir el periódico un día cualquiera nos conecta con una realidad a veces poco perceptible o, en su caso, llamativa, pero que es asumida fenomenológicamente. Nos encontramos con noticias como éstas, referidas a casos extremos de violencia. En Sucre, una mujer de 29 años fue asesinada con 33 puñaladas, presuntamente por su propio esposo. Horas antes habían regresado de una fiesta y una de las hijas, de apenas 11 años, presenció el horrendo acontecimiento. Dos páginas más adelante, y desde otra perspectiva, se registra que dos efectivos policiales serían encarcelados por estar implicados en la violación a una joven mujer de 24 años que retornaba a su hogar en horas de la noche, con su niño de dos años de edad. Pasó en la provincia de Quillacollo, Cochabamba, donde fue interceptada por dos policías, quienes, al constatar que no portaba documentos de identidad, la subieron al auto patrullero y la condujeron a su terrorífico destino. En las noticias locales fue reportado un nuevo caso, el de una niña de seis años que era frecuentemente violada por su progenitor. Quizás bastarían los datos estadísticos para dar cuenta de esta realidad cotidiana, pero justamente este tipo de acontecimientos no puede reducirse a cifras o indicadores porcentuales que suben o bajan, de acuerdo con el termómetro de la violencia. Por ello es imprescindible un relato que mantenga la sensibilidad social a flor de piel. De todas maneras, el dato estadístico es tan grave como la descripción del hecho. Durante el primer semestre de 2015, por día en el país, un niño o niña adolescente fue abusado sexualmente. Dicho informe señala que, entre enero y junio de 2015, se han producido 182 casos de esta violencia sexual contra este grupo etario. La mayoría se ha registrado en los departamentos del eje central: el 39 por ciento en Santa Cruz, el 24 por ciento en Cochabamba y el 13 por ciento en La Paz. Lo más escalofriante es que en el 30 por ciento de los casos el agresor es conocido por las víctimas; es decir, es amigo o vecino; en un 14 por ciento se trata de grupos de pares, compañeros de colegio o amigos; mientras el 17 por ciento de los casos es un familiar; es decir, que proviene de su entorno más cercano, que, se supone, debe ser el lugar que provea mayor protección. En menos del 50 por ciento de los casos, específicamente en el 38 por ciento, el agresor no tiene relación con la víctima. La información da cuenta de que el 83 por ciento de las niños, niñas y adolescentes en Bolivia sufre “algún tipo de maltrato” al interior de su familia. Si comparamos este porcentaje con el mundo, encontramos que mientras en el planeta el 20 por ciento de las mujeres son víctimas de algún tipo de violencia sexual antes de los 18 años, en Bolivia este porcentaje alcanza al 34 por ciento, o sea que como país estamos muy por encima del porcentaje mundial. En estas últimas décadas y años se ha avanzado bastante para contrarrestar esta situación. Desde marzo de 2013 rige, por ejemplo, la Ley integral para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia, que, entre otras cosas, establece la pena de 30 años de cárcel sin derecho a indulto para el feminicidio. También se ha incrementado la capacidad de denuncia y la difusión de campañas por medios de comunicación. No obstante, los resultados son aún insuficientes. En cualquier caso, estos datos no pueden dejar de asombrarnos, no pueden volverse parte de la “normalidad” de una vida cotidiana que nos arrastre a la indiferencia, porque entonces habremos perdido el sentido de humanidad. *es socióloga.


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