Tumpa Pire: Vendrán por millones…

La familia de Kurdi había solicitado asilo en Canadá, luego de escapar de la ciudad de Kobani, escenario de violentos combates contra el Estado Islámico. Su madre y otro de sus hermanos también fallecieron en un barco que se dirigía a Grecia. Su padre fue encontrado inconsciente y trasladado...

La familia de Kurdi había solicitado asilo en Canadá, luego de escapar de la ciudad de Kobani, escenario de violentos combates contra el Estado Islámico. Su madre y otro de sus hermanos también fallecieron en un barco que se dirigía a Grecia. Su padre fue encontrado inconsciente y trasladado a un hospital cerca del sitio.Dramas parecidos los encontraremos, lamentablemente sin ningún impacto mediático, en tantos otros lugares de este atribulado planeta. Sin embargo, existen importantes  diferencias que merecen ser destacadas.El premio Nobel, José Saramago, permanente defensor de los derechos de los inmigrantes y refugiados, escribió hace unos años, de manera premonitoria:“El desplazamiento del sur al norte es inevitable; no valdrán alambradas, muros ni deportaciones: vendrán por millones. Europa será conquistada por los hambrientos. Vienen buscando lo que les robamos. No hay retorno para ellos porque proceden de una hambruna de siglos y vienen rastreando el olor de la pitanza. El reparto está cada vez más cerca. Las trompetas han empezado a sonar. El odio está servido y necesitaremos políticos que sepan estar a la altura de las circunstancias.”Sin embargo, la actual crisis de refugiados provenientes de Siria, Libia, Irak, Yemen y otros países del mundo Árabe, no obedece a las mismas causas que las que generaron las oleadas de incidentes migratorios desde el norte africano o desde las antiguas colonias. Estas últimas sí responden, en verdad, a la descripción magistral de Saramago: venimos buscando lo que nos robaron. El mundo Árabe concentra, en todo caso, la mayor riqueza petrolera del mundo y son Estados Petroleros, como Arabia Saudita o Irán, los que pueden incidir a nivel global con sus decisiones de políticas de producción y precios. De manera que la “pobreza” no es exactamente la causa detrás de la violencia en el mundo Árabe, aunque, claro está, los niveles de inequidad y desigualdad en estos países están entre los más altos del mundo y constituyen el mejor caldo de cultivo para las predicas islámicas fundamentalistas.Detrás de estos poderosos actores, por supuesto, siempre es posible reconocer los rostros de las grandes potencias occidentales y sus erráticas concepciones geopolíticas alrededor del control del petróleo árabe. Fueron estas potencias triunfantes las que, luego de la Primera y Segunda Guerras Mundiales, “dibujaron” buena parte de estos “países” y consolidaron, con su apoyo militar, político y financiero a unas tribus y clanes locales frente a otros, al margen de la historia milenaria de estos pueblos y territorios. Este es el caso particular de Siria, donde Alawitas, —vinculados al régimen de Assad y que no son siquiera considerados “musulmanes” por los Sunnis, opuestos al gobierno y que conforman la primera mayoría en la compleja sociedad siria— se organizan en la defensa del gobierno, al que consideran la única valla para prevenir una masacre por parte de sus vecinos en el sur territorial y en el Islam religioso. Los EEUU y la OTAN, por su parte, se embarcaron en la tarea de defenestrar a Assad, organizando y financiando a los llamados “grupos rebeldes” con consecuencias desastrosas al no entender la complicada trama social siria que abarca a decenas de grupos que incluyen Árabes, Griegos, Armenios, Asirios, Kurdos, Circasianos, Mandeanos y Turcos. A todo ello, cuando se suma la emergencia del llamado “Daesh”, Califato o Estado Islámico, que recoge las tradiciones religiosas, militares y políticas más brutales e intolerantes de la tradición musulmana, lo que se completa es la imagen de una “tormenta perfecta” que está destruyendo ese bello país y su patrimonio histórico y cultural.De manera que estas convulsiones violentas, inducidas desde afuera y fogoneadas por tribalismos ancestrales desde adentro, son un producto de tensiones no resueltas originadas en el desarrollo desigual y combinado de técnicas y modalidades de producción capitalista avanzadas en la industria petrolera —impuesta desde afuera y vinculada estrechamente al mercado internacional—, con sistemas de producción arcaicos o atrasados y el aislamiento secular en casi todos los otros rubros de la vida económica, social y política del mundo árabe.Su solución, por lo tanto, radica, ante todo, en el despliegue de una política internacional verdaderamente revolucionaria y en políticos que deben, en palabras de Saramago, estar a la altura de las circunstancias, tanto en Europa como en el Medio Oriente.


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