Tumpa Pire: A 79 años del asesinato de García Lorca

Crímenes como el de García Lorca, motivados por esa mezcla tan letal del odio con el miedo, no son ajenos a nuestra propia historia. Podríamos simplemente cambiar el nombre: García Lorca por Quiroga Santa Cruz, García Lorca por Guevara, García Lorca por Katari, García Lorca por Santucho,...

Crímenes como el de García Lorca, motivados por esa mezcla tan letal del odio con el miedo, no son ajenos a nuestra propia historia. Podríamos simplemente cambiar el nombre: García Lorca por Quiroga Santa Cruz, García Lorca por Guevara, García Lorca por Katari, García Lorca por Santucho, García Lorca por Jara, etc, y compartiríamos, al verificar todas las coincidencias en los relatos de sus respectivas muertes, —víctimas del fascismo en sus más diversas variantes, torturados, asesinados y desaparecidos—, ese estremecimiento frío cada vez que, en el día de su muerte, la sombra de sus asesinos y torturadores impunes nos revisita, con su aliento fétido, su bravuconería de patán engreído y pagado de sí mismo, su socarronería pedante y su sumisión ovejuna al poder de turno.Los tormentos, seguidos de muerte y desaparición de su cuerpo, que tuvieron lugar ese 19 de agosto de 1936, no estuvieron exentos de profecía. Federico, en “Poeta en Nueva York”, escribe: “Cuando se hundieron las formas puras / bajo el cri cri de las margaritas / comprendí que me habían asesinado (...) Ya no me encontraron. ¿No me encontraron? No. No me encontraron”.Pero éste no es el único poema en el que Lorca profetiza sobre su desaparición forzada:“Por las ramas del laurel /vi dos palomas oscuras. /La una era el sol, /la otra la luna. /«Vecinita», les dije, /«¿dónde está mi sepultura?» /«En mi cola», dijo el sol. /«En mi garganta», dijo la luna. /Y yo que estaba caminando /con la tierra por la cintura /vi dos águilas de nieve /y una muchacha desnuda. /La una era la otra /y la muchacha era ninguna. /«Aguilitas», les dije, /«¿dónde está mi sepultura?» /«En mi cola», dijo el sol. /«En mi garganta», dijo la luna. /Por las ramas del laurel /vi dos palomas desnudas. /La una era la otra /y las dos eran ninguna.”De esa manera poética, entre la garganta de la luna y la cola del sol, seguimos, año tras año buscando sus restos. No dejamos de buscar, incluso en la casa de aquellos que los querían muertos, como es la macabra convicción de algunos de que Marcelo podría estar enterrado en una caja de piano, nada menos que en la hacienda de Hugo Banzer; que los restos de Roby Santucho y de Benito Urteaga estén sepultados en Campo de Mayo, luego de que sus cadáveres embalsamados fueran expuestos a los oficiales argentinos en el tétrico “Museo de la Subversión” que inauguraron maniacos genocidas de la talla de O. Bussi, etc.Este Nuevo aniversario de su asesinato, Marta Osorio, editora del libro “Miedo, olvido y fantasía: crónica de la investigación de Agustín Penón sobre Federico García Lorca”, publica ahora: “El enigma de una muerte. Crónica comentada de la correspondencia entre Agustín Penón y Emilia Llanos”. Este libro arroja luz sobre el crimen y genera también incertidumbre: la posibilidad de que el cuerpo fuera trasladado de la fosa identificada por varios testigos como el lugar de los disparos, con el propósito de que el sitio no se convierta en lugar de peregrinaje. Es que esta inveterada costumbre de los hombres hizo también desaparecer de la tumba milenaria los restos del nazareno, que amenazaban al poder de Roma y, en general, los restos de todos aquellos que, en su lucha contra el poder, por la justicia social, se convierten en símbolos de la rebelión y del cambio.“Es necesario ir donde está el silencio y darle voz a esas personas que fueron sepultadas por el poder”. Así, Soleá Morente, explica el sentido del homenaje que este lunes se celebró en Alfacar a García Lorca y a las decenas de víctimas del franquismo enterradas en la misma zona. En criterio de la escritora, independientemente del hallazgo del cuerpo de Lorca, se podrían recuperar restos de decenas de personas ejecutadas en la zona y que merecen también un lugar en la memoria. En nuestra América irredenta, no existe país que no registre un poeta entre sus desaparecidos, entre sus deportados, entre sus torturados. Ellos son, a la vez, fuente de gozo y de inspiración para sus pueblos y motivo poderoso de odio y de temor para sus verdugos.


Más del autor