El pozo Montecristo 9 reabre el debate del fracking en Bolivia
YPFB inicia la terminación y prueba de producción del pozo Montecristo-9, con una inversión estimada de 12 millones de dólares. Expertos señalan que no es necesariamente "fracking" aunque sí de la misma familia tecnológica, pero falta más información para determinarlo
Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) puso en marcha este martes el proyecto de terminación y prueba de producción del pozo Montecristo-9 (MTC-9), ubicado en Okinawa, provincia Warnes del departamento de Santa Cruz, con una inversión estimada de 12 millones de dólares. La técnica utilizada explicada por el presidente Rodrigo Paz como "estimulación hidráulica" encendió las alarmas entre los ambientalistas, que lo consideran parte de la tecnología "fractura hidráulica", más conocida como "fracking", y que genera rechazo por su agresividad ambiental, especialmente en los acuíferos. Desde YPFB se niega y dos expertos, bajo anonimato, señalan que el "Montecristo-9 no puede ser etiquetado automáticamente como “fracking”, pero sí está utilizando una técnica que pertenece a la misma familia tecnológica". Otro señala que "Si esa estimulación implica inyectar fluidos a alta presión para crear fracturas artificiales y utilizar un agente de sostén —arena— para mantenerlas abiertas, entonces estamos hablando técnicamente de fracturación hidráulica o fracking, aunque sea aplicada a tight gas y no necesariamente a shale gas".
YPFB garantiza recuperación y nuevas reservas
El proyecto aplicará tecnología especializada para evaluar y viabilizar la producción de gas y condensado de las formaciones Huamampampa y Los Monos, de edad devónica. La operación está a cargo de YPFB Chaco S.A., subsidiaria de YPFB, con el apoyo de empresas contratistas.
El presidente Rodrigo Paz Pereira señaló que, por la tecnología empleada, “lo que estamos viendo hoy en Okinawa, este campo Montecristo, es un campo de desarrollo piloto, pero de una modernidad absoluta para Bolivia; es la primera vez que se hace esto en el país”.
Destacó: “A través del éxito de este campo, vamos a poder no solo aumentar un 13% el gas para Bolivia junto a todo el sector de Okinawa, sino también más del 40% de los combustibles que serán tratados en el país para la venta y el consumo de los bolivianos, tanto en gasolinas como en diésel, o brindar jet fuel para abaratar costos en aeronáutica”.
Lamentó que no se haya invertido en exploración en gestiones anteriores y acotó: “Los vecinos de Okinawa saben que se siembra para producir, y lo mismo pasa con el gas: hay que invertir, producir y hacer las normas”.
El ministro de Hidrocarburos y Energías, Marcelo Blanco Quintanilla, expresó su satisfacción por estar en el pozo Montecristo-9 “después de haber iniciado hace dos semanas con el Presidente el pozo Junín, y la semana pasada la Refinería de Cochabamba, con el objeto de relanzar la refinación en Bolivia, lograr la seguridad energética de la Patria y convertir eventualmente al país en el corazón energético de Sudamérica”.
“La terminación del pozo no es casualidad; es el resultado de planificación, inversión y valentía política para ir a buscar la riqueza donde otros no se atrevieron a hacerlo”, afirmó.
Añadió que el proyecto responde a un plan estratégico energético que busca la seguridad energética del país, “una hoja de ruta moderna que combina soberanía estatal, seguridad jurídica, apertura a la inversión privada y máxima responsabilidad ambiental en estricto respeto al artículo 33 de nuestra Constitución”.
El presidente ejecutivo de YPFB, Sebastián Daroca, señaló: “Bolivia necesita recuperar su producción de hidrocarburos, incorporar nuevas reservas y mirar hacia aquellos reductos que durante años no fueron aprovechados. Montecristo nos abre esta posibilidad”.
Indicó que la estatal avanza también en Okinawa, Remanso, Monteverde, Ayoreo y Colibrí. “Si los resultados de Montecristo-9 son técnica y económicamente favorables, podremos avanzar con nuevos pozos y ampliar el desarrollo del campo”, proyectó.
El eje técnico del proyecto es la intervención de formaciones de baja permeabilidad, que requieren procedimientos especializados para producir. El MTC-9 es un pozo piloto que permitirá aplicar esa tecnología en Bolivia y obtener información para determinar si es viable una explotación regular y sostenida. Ese conocimiento servirá para evaluar otros pozos piloto en esta y otras áreas.
YPFB Chaco S.A. precisó que el proyecto tiene un alcance estratégico para la exploración nacional, porque formaciones similares han albergado grandes acumulaciones de gas y petróleo en otras cuencas del mundo. En algunos casos, esos recursos se extienden a escala regional, lo que abre la posibilidad de identificar nuevos plays y reducir el riesgo geológico. Confirmar ese potencial exigirá nuevos pilotos, inversión y estudios geológicos avanzados.
Los 12 millones de dólares cubren la terminación del pozo y el traslado de equipamiento especial desde el exterior. Parte de ese equipamiento podrá permanecer en el país para proyectos futuros.








