Análisis
Luis Alfaro en el escenario
En medio de la crisis de liderazgos y de la falta de alternativas a las políticas del gobierno, el histórico dirigente campesino retorna a la primera línea
A Luis Alfaro se le acusaba casi de todo, pero lo cierto es que dejó el Movimiento Al Socialismo (MAS) en 2014, cuando Evo Morales estaba en la cresta de la ola y la plata circulaba a raudales. 12 años después de ser declarado “traidor” no solo no ha ido a la cárcel, como algunos le auguraban, sino que ha vuelto a sus orígenes en el campo.
2026 no le está siendo un año fácil a nivel personal, pero a diferencia de la mayoría de los que gozaron de las bondades del régimen en Tarija, viene impulsando una suerte de tesis alternativa para hacer frente a las medidas del gobierno de Rodrigo Paz “y su entreguismo al FMI”. Esencialmente es una apuesta por la autarquía productiva producto de una alianza Gobierno – Campesinos, que es básica, pero más que lo que la mayoría de los “protestones” pone sobre la mesa.
Alfaro le dio un impulso particular a la Federación Campesina en Tarija en los años 90, luego fue el primer candidato del MAS a la Prefectura de Tarija en 2005 y en 2009 se fue a La Paz como primer diputado Plurinacional. En 2014 pidió ser el candidato del MAS, que había gobernado 4 años con el interino Lino Condori: Evo Morales le dijo que no, y ni corto ni perezoso rompió amarres, denunció un aburguesamiento y se aprestó a ser candidato por su cuenta. Tuvo que intentarlo con dos y sumó un 17% que resultaba clave para una segunda vuelta inédita entre el joven Adrián Oliva y el joven Pablo Canedo que le había dicho sí al MAS.
Alfaro llevó el desafío hasta el final, pidió el voto para Oliva, que ganó, y aceptó una secretaría de “Gobernabilidad” que nadie sabía bien en qué consistía. Se acabó retirando y aunque probó suerte a la siguiente, ya no era lo mismo.
Apareció varias veces en la campaña presidencial de modo testimonial mientras que las bases campesinas le pedían que se reactivara. Lo hizo para disgusto de ciertos equipos campesinos faltos de carisma que nunca han logrado convencer.
Alfaro ya está en el baile, aunque apenas es un dirigente de comunidad de Cercado sin demasiado peso político en el global. Herbert Quispe, actual dirigente y muy proclive a unificar fuerzas y conservar la unidad sindical está incómodo, pero tranquilo. Queda tiempo para el Congreso y Alfaro no necesariamente necesita un cargo máximo para ser convocado y escuchado. Veremos cómo se desarrolla el pulso en un momento en el que los liderazgos locales y nacionales, escasean.








