En silencio
Brasil elige a su presidente: Lula y Bolsonaro a balotaje
En la primera vuelta del 4 de octubre, Flavio se impuso con el 47,03% de los votos válidos contra el 45,16% de Lula, unos 2,2 millones de votos de diferencia
Brasil llega al balotaje de este domingo con la elección más pareja desde el regreso de la democracia y con una certeza que nadie discute: gane quien gane, el país saldrá de las urnas partido por la mitad. El presidente Luiz Inacio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), que busca un cuarto mandato –el último, según dijo– dos días antes de cumplir 81 años, y el senador Flavio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), hijo mayor del expresidente preso por intento de golpe, llegan en un empate técnico que define la última gran batalla de una región que viene corriéndose a la derecha.
Ambos tuvieron este sábado su baño de multitudes. Flavio pasó por Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, el “estado péndulo” que suele definir las elecciones. “Ustedes tendrán un presidente que no les hace amenazas, que va a ser su socio”, dijo, en alusión a Lula. “Hay una tradición: quien gana en San Pablo y en Minas gana en Brasil”. Después cerró en Barra da Tijuca, en Río de Janeiro, su cuna política.
Lula, que por la mañana encabezó un acto por la avenida Atlántica, en Copacabana, terminó el sábado en la avenida Paulista, en San Pablo. Allí se mostró “convencido” de la victoria y apuntó contra su rival: “Después de tantas campañas, jamás imaginé disputar una elección con un mentiroso, miliciano, descalificado como este muchacho”. Y planteó el dilema: “No es un hombre contra otro hombre, es el modelo de país que uno desea”.
En la primera vuelta del 4 de octubre, Flavio se impuso con el 47,03% de los votos válidos contra el 45,16% de Lula, unos 2,2 millones de votos de diferencia. Desde entonces, la brecha se fue cerrando: el Datafolha del sábado mostró un 51% a 49% a favor del senador de derecha en votos válidos, después de haber marcado 52-48 al inicio de la segunda vuelta y un 50-50 el jueves último. La última encuesta de Quaest, difundida también horas antes del balotaje, también arrojó un resultado de 51-49, dentro del margen de error de dos puntos.
Según O Globo, estos dos puntos representan la menor diferencia entre los candidatos de un balotaje antes de las elecciones en 20 años.
Un sondeo de AtlasIntel mostró un escenario aún más parejo, pero fuera del margen de error, de un punto en el caso de esa consultora: Flavio Bolsonaro suma 50,8% de los votos válidos y Lula, 49,2%.
El hijo de Jair Bolsonaro (2019-2022), adelante en los principales sondeos, aunque dentro del margen de error, llega con una leve ventaja, y la historia juega a su favor: desde 1989, ningún candidato que terminó segundo en la primera vuelta ganó el balotaje. Pero la tendencia reciente, favorable al presidente, anticipa una definición muy ajustada. En juego están 48,7 millones de electores que el 4 de octubre no votaron por ninguno de los dos: los de la “tercera vía”, los votos en blanco o nulos y un récord de 33,4 millones de ausentes.
Flavio Bolsonaro, de 45 años, construyó su ventaja como el candidato del “cambio” frente a un gobierno desgastado, con la promesa de un “tijeretazo” de impuestos y mano dura contra el crimen. Tras la primera vuelta sumó el apoyo de Augusto Cury, Ronaldo Caiado y Romeu Zema, que reunieron unos 6,3 millones de votos, y de buena parte del “Centrão”, el bloque de partidos que define las mayorías en el Congreso. También intentó moderarse: en el último debate llegó a pedirle disculpas a Lula por haberlo llamado “nueve dedos”. Pero las contradicciones de su programa y los escándalos lo pusieron a la defensiva.
El senador llega a la votación con dos investigaciones en curso en el Supremo Tribunal Federal (STF). La primera, a cargo del juez André Mendonça, indaga el pedido de 134 millones de reales (unos 27 millones de dólares) al banquero preso Daniel Vorcaro, del Banco Master, para financiar Dark Horse, una película sobre su padre. La segunda, en manos de Alexandre de Moraes, investiga presunto lavado de dinero en su relación con el abogado Willer Tomaz, amigo íntimo del candidato.
Luego de un cachetazo inesperado el 4 de octubre, Lula logró reponerse y recuperar el control de la agenda. El gobierno aprobó el fin de la escala laboral 6x1 –seis días de trabajo por uno de descanso–, anticipó el pago de un reajuste del 15% para el subsidio Bolsa Familia y lanzó un alivio de deudas, medidas que la oposición tachó de electoralistas. Además, una movilización digital y callejera inédita –el canal de WhatsApp “Ejército de Lula”, con más de 10 millones de inscriptos, y actos masivos– inyectó ánimo a una militancia que sueña con una remontada difícil. También mejoró la imagen del gobierno en los sondeos.
La campaña dejó, además, una herida institucional, con una participación inédita de la justicia en la contienda. El Tribunal Superior Electoral (TSE) quedó envuelto en una guerra de decisiones cruzadas después de que su presidente, el juez Kassio Nunes Marques –designado por Jair Bolsonaro–, suspendiera a pedido de Flavio el canal “Ejército de Lula”, medida que otros jueces revirtieron.
La tecnológica Meta -empresa matriz de Facebook, Instagram y WhastApp- fue acusada de perjudicar a través de diversas maniobras la campaña de de Lula, algo que la compañía niega. El PT pidió al TSE anular la candidatura de Flavio por un supuesto favorecimiento en las redes, y el bolsonarismo hizo lo propio contra Lula. El tribunal ordenó, además, retirar en las últimas horas un audio de Gustavo Gayer, aliado del senador, que sembraba sospechas de fraude en el Nordeste. Con un resultado que se anticipa apretadísimo, ese clima puede elevar el costo de aceptar la derrota, y cualquier impugnación llegaría a un tribunal dividido.
Lo que está en juego excede a Brasil. En los últimos dos años, la región giró a la derecha con José Antonio Kast en Chile, Rodrigo Paz en Bolivia, Abelardo de la Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en Perú. Brasil, con cerca de la mitad del PBI y de la población sudamericana, es la pieza que falta. Un triunfo de Flavio Bolsonaro, aliado de Javier Milei y de Donald Trump –cuyo “tarifazo” contra Brasil atravesó la campaña–, completaría el giro y acercaría a Brasilia a la agenda de Washington. Uno de Lula, en cambio, lo dejaría como el último gran dique del progresismo en la región.
Seguridad
Por su parte, el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública de Brasil activó una operación conjunta con organismos federales y estatales para garantizar la protección durante la segunda vuelta de los comicios presidenciales.
La referida operación incluye al Tribunal Superior Electoral, la Policía Federal, la Policía Federal de Carreteras, la Agencia Brasileña de Inteligencia y el Ministerio de Defensa.
A esas entidades se adicionan las secretarías estatales de Seguridad Pública, las policías civiles y militares, y los cuerpos de bomberos.
Coordinadas desde el Centro Integrado de Comando y Control Nacional, en Brasilia, las acciones y sus estructuras se prolongarán hasta el cierre de la jornada electoral.
El objetivo es prevenir incidentes y asegurar condiciones para el adecuado desarrollo de la votación y el escrutinio.
Como riesgos bajo vigilancia figuran los delitos electorales, la desinformación, los crímenes cibernéticos, la violencia política, las aglomeraciones, las dificultades logísticas y las posibles incidencias en los lugares para ejercer el sufragio y el recuento.








