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Escenarios post - crisis

Análisis: El MAS y las “oportunidades” de la oposición

En medio de la crisis del partido azul a cuenta de los liderazgos, los estrategas analizan cuatro posibles proyectos alternativos: Popular – liberal; Nacional – popular más progresista y menos indígena; ultraderecha “incluyente” y Federal Pluri-regional, pero dudan de los políticos vigentes

La Mano del Moto
  • Miguel V. de Torres
  • 23/01/2022 07:20
Análisis: El MAS y las “oportunidades” de la oposición
Luis Arce y David Choquehuanca

Para bien o para mal, el Movimiento Al Socialismo (MAS) ha vuelto a ocupar todo el espacio mediático de la política, incluso opacando el enésimo retroceso del gobierno de Luis Arce, esta vez a cuenta de la vacunación obligatoria. El pulso interno, aireado en forma de columnas de opinión publicados en medios oficiales u oficiosos no han dejado lugar a dudas, aunque después del virulento fin de semana entre acusaciones de “jefazos” y “comepastos”, la línea gubernamental trató de apagar el incendio aseverando que no había “ningún riesgo de división” y que “el debate es sano y fortalece”.

 A falta de que se evalúen con calma los efectos de este 22 de enero y todas las vueltas de Luis Arce respecto al cambio de gabinete y su propia autoridad, dos modelos parecen estar fuertemente confrontados

No deja de ser curioso que un connotado evista como Luis Arce, que es uno de los que más ha contribuido a llenar de contenido el modelo que defiende ese MAS y que según Fernando Mayorga, se basa en un discurso radical y una acción muy moderada respecto a los asuntos sociales y económicos tenga que obrar como mediador entre su mentor y su vicepresidente.

Las diferencias de son de fondo y de forma entre el pragmatismo del evismo y el idealismo indigenista de los seguidores de Choquehuanca, que son una minoría, pero aliada al violentado Pacto de Unidad, que a la hora de la verdad en 2019 se quedaron en casa viendo caer a su líder que había pasado por encima de la Constitución.

En lo político, Morales defiende su gestión y apuesta por reponerla, aunque nadie dentro es capaz de definirla con precisión, pues esencialmente se mantuvo un estado liberal – capitalista con redistribución de riquezas a través de bonos y del propio mercado sin grandes cambios estructurales, sobre todo luego de que se abandonaran las banderas soberanistas. Por el otro lado, Choquehuanca defiende una suerte de ruptura con el consenso ético de occidente para garantizar una redistribución de riquezas armónica con el medio ambiente, sin acumulación, con primacía de los valores indígenas.

La cuestión es que mientras las dos principales corrientes del masismo tras la purga de izquierdas, nacionalistas o marxistas, la oposición actual ha mirado de palco la pelea, aprovechando probablemente para tomar su “merecido” descanso estival, incluso cuando se programó un “cabildo” con la intención de reunir fuerzas y que se constituyó en el enésimo fracaso.

Con todo, la debilidad del Gobierno, las pugnas internas del MAS y el desapego por agotamiento que se empieza a evidenciar entre las clases urbanas populares, que no tienen el mismo afecto por Arce que por Morales, ha abierto los ojos a unos cuantos estrategas que buscan acomodar el mejor proyecto para buscar la derrota del partido azul, el más grande del país y el que ha acumulado victorias desde 2006.

Un proyecto popular – liberal

La crisis pandémica y todos los efectos de las medidas anticovid han vuelto a reactivar a la Bolivia real, esa que no le pide demasiado al Estado mientras no se meta en sus asuntos. La Bolivia del “pequeño emprendedor” con su negocio propio, su micro, su taxi, su tienda, su carrito de comida rápida, su caja de herramientas, su mina y que esencialmente piden desregulación burocrática y ser libres de impuestos. Son los mismos que con la debida manipulación interesada se opusieron a la estrategia contra las ganancias ilícitas y que engloba a las clases populares, que son las que dan y quitan victorias en esta parte del mundo, pero a los que no les une el socialismo ni les preocupa demasiado la equidad social, pues las categorías se reducen a pueblo y élite.

Áñez fracasó en su gobierno también por la forma de gestionar la pandemia, imponiendo la fuerza del Estado para cerrar las actividades sin tener la capacidad de explicar los motivos ni subsidiar las pérdidas provocadas. El MAS ofreció el retorno al pasado, es decir, a todo lo que estaba bien cuando les iba bien, mientras que Carlos Mesa y Comunidad Ciudadana se mantuvieron en fórmulas del pasado, prometiendo hacer cosas desde el Estado para la gente, cuando la gente solo quería que les dejaran en paz.

La idea es similar a la que le dio el triunfo a Iván Arias en La Paz, que básicamente prometió acabar con las pocas regulaciones de ciudad que implantó Revilla. Entre los nombres que pudieran abanderar un proyecto así está Soledad Chapetón o Damián Condori.

Un proyecto nacional – popular progresista y menos indígena

El proyecto original del MAS reivindicaba los conceptos más soberanistas y una agenda desarrollista más o menos clásica: recuperar los recursos naturales industrializarlos, comercializarlos, redistribuir la riqueza en forma de proyectos sociales y cambios estructurales en salud y educación, pero lo cierto es que se quedó a mitad camino.

El MAS hoy es un partido básicamente popular, donde se reúnen una ingente cantidad de sectores con sus intereses, muchas veces contrapuestos entre unos y otros, y en la negociación se va creando una agenda de gobierno no siempre coherente.

En 16 años desde 2006 la estructura poblacional ha cambiado. El pueblo rural y campesino ha ido decayendo mientras han crecidos las clases urbanas populares y medias aspiracionales, además, las reivindicaciones históricas – tierra para el que la trabaja, por ejemplo – ya no son las mismas.

Con casi el 40 por ciento del electorado menor de 40 años, el concepto indígena ha evolucionado en los círculos urbanos, donde además se han materializado otras necesidades y otra forma de interpelar al Estado.

Mientras tanto, los planteamientos de la izquierda internacional más cercanos a la agenda social no encuentran espacios en América Latina, ni referentes, la propia Celag, think thank volcado en Sudamérica, está hablando de un gran periodo de reflexión para encajar las propuestas más progresistas – que también es la progresividad de los impuestos y la universalización de los servicios y no solo la aceptación del aborto, el matrimonio igualitario o la eutanasia -.

Diferentes líderes del Movimiento Al Socialismo (MAS) se han ido desgajando del partido por desacuerdos más personales que programáticos, como en el caso de Eva Copa, alcaldesa de El Alto, o Damián Condori, gobernador de Chuquisaca, con más posibilidades de conectar con los jóvenes. También Luis Revilla puede encajar en estos principios más tecnocráticos. En esa línea hay otros actores de segunda línea que pueden tomar el relevo, incluido Andrónico Rodríguez, lugarteniente de Evo en el Chapare y aspirante a sucesor.

Un proyecto de ultraderecha “incluyente”

Otro de los grandes bloques que planea a nivel internacional con ramificaciones nacionales buscando opciones electorales es el de la ultraderecha patrocinada por el Yunque y la Fundación Atlas, cuyas palabras clave son “democracia” y “libertad” para justificar proyectos excluyentes que básicamente buscan poner freno al Estado.

Las iglesias evangélicas, cada vez más influyentes en la política nacional normalmente adscritos a la versión popular – liberal, también pueden adherirse a esta línea en el caso de que haya mejores candidatos y mejores propuestas, a imagen de lo sucedido en Brasil con la elección de Bolsonaro.

La materialización práctica no pasa por la conformación de un proyecto tradicional de derecha sumando élites, sino por la apropiación de los pilares de la propuesta mayoritaria, en este caso lo nacional – popular. En Europa la ultraderecha se ha erigido apoyado en un relato del proletariado buscando culpables entre las clases más bajas – delincuentes, migrantes, etc., - y contra las élites políticas. En Bolivia el éxito pasa por posicionar transversalmente a una élite indígena que se ha aprovechado de las clases populares y al mismo tiempo, reivindicar lo mestizo y la Colonia – el idioma, la religión, la familia tradicional – para ensanchar la base votante entre las víctimas, es decir, aquellos que no han logrado cambiar sustancialmente su modo de vida en 16 años de gobierno socialista.

En este tipo de proyectos, la aplicación posterior de la acción de gobierno es un misterio, aunque parte de los principios básicos de homogeneizar a la sociedad y reducir el papel del Estado. Es posible que también reivindique algunos de los caudillos más o menos recientes del país, de Bánzer a Víctor Paz Estensoro.

Un proyecto federal – pluri regional

La última opción más o menos viable para construir un proyecto alternativo al MAS es el de construir una alianza de departamentos que reivindiquen su participación en la construcción del Estado y promuevan la descentralización de competencias y de recursos.

Se apoya en el mismo principio “libertario” de las anteriores, pero con aplicación de proximidad: Bolivia nos roba pero xxxx (póngase el nombre del departamento deseado) no. Además, en cada departamento reivindica la esencia regionalista de cada uno de ellos. Bolivia como una suma de departamentos y no de “nacionalidades” que aunque parezca lo mismo, nadie se ha preocupado demasiado en explicar.

La Ley de Partidos permite por primera vez la opción de que nueve partidos departamentales reunidos en alianza puedan participar de una elección nacional y desde varios frentes se trabaja para materializarlo, convencidos de que puede dar paso a un nuevo modelo de país, de base federal, aunque requiere trabajar el apoyo popular.

Aunque Luis Fernando Camacho ha sido el primero en dar el paso y proponer el modelo federal, no se plantea que el proyecto pase por su nombre, sino que debería ser abanderado por otra persona menos identificada con una región en concreto, algo que sin duda es complejo.

NOMBRES VERSUS PROYECTOS

Quedan cuatro años para la elección de 2025, salvo que en el MAS se acabe imponiendo algún plan macabro que descabece el gobierno y precipite elecciones, algo que no parece probable. Los analistas señalan que aunque hay tiempo para construir un proyecto alternativo con base política, emociones y relato propio, la tradición señala que se acabará imponiendo el debate de nombres por encima de todas las cosas, y entre ellos, los tradicionales: Tuto Quiroga, Carlos Mesa, Samuel Doria Medina, y alguno más reciente como Rodrigo Paz o Luis Revilla.

En el MAS el asunto de legitimidad y de enfoque sobre la acción de gobierno también probablemente se convierta en una batalla de nombres que irá más allá de David Choquehuanca y Evo Morales, ya que ambos cuentan con pocas opciones de ser candidatos oficiales por motivos de performance del candidato.

La carrera es sin duda larga y difícil en todos los frentes, pero que nadie se equivoque: ya ha comenzado.

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