Lara vuelve al juego
Pese a que se daba por derrotado, su bajada de perfil le ha poermitido abrirse un nuevo espacio de mediación en la vicepresidencia
Rodrigo Paz no vuelve atrás y no es su equipo de los que agradecen el apoyo o lo que sea, pero en este momento de la partida, el vicepresidente Edmand Lara ha completado su rehabilitación para la vida política.
Es difícil imaginar qué sucede en el alma de una persona que pasa en 30 meses de exigir justicia en una celda de la FELCC al palacete de la Vicepresidencia. La recta final de la campaña ya la gestionó mal y caminó peligrosamente por el borde del delirio luego de los éxitos. Protagonizó momentos aberrantes, como jurar el cargo con uniforme de una entidad de la que aún había sido expulsado y se extralimitó en el uso de sus redes, aunque fuera como mecanismo de autodefensa.
En el dilema del huevo y la gallina, Lara advirtió que le querían quitar su único ministerio, y se lo quitaron. Luego le puentearon sus funciones con un decreto de gobernancia digital inconstitucional (que pasa porque no hay Sala Plena), luego le vaciaron de competencias la vicepresidencia y además, lo mandaron a apalear mediáticamente en cada ocasión.
Para las autonómicas Lara no consiguió tener candidatos en casi ningún municipio importante ni Gobernación, y aun así solo tiene uno menos que la poderosa alianza que conformaron Samuel Doria Medina y Rodrigo Paz y que se llamaba Patria, de la que ya nadie se acuerda.
Fue la primera señal de que el error había sido mayúsculo. El presidente había perdido todo el apoyo popular en occidente, que le había llevado al cargo, y no había logrado penetrar en el oriente, donde le seguían rechazando como opción política.
Lara podía haber armado un esquema territorial de cercanía al poder popular en base a los principios planteados en campaña: capitalismo para todos, que es esa forma de libertarismo popular que reina en todos los mercados de Bolivia, y con el que podía haber enterrado los lazos con el Instrumento para la Soberanía Popular (IPSP), que esencialmente es donde se negociaba y repartía el poder.
Paz y su analista estrella, Fernando Cerimedo, creyeron que aquello era prescindible y que simplemente estaban derrotados y aceptarían. Eso incluso después de que el DS 5503 durara apenas una semana luego de que empezaran las movilizaciones de verdad.
El estallido popular, que empezó como un conjunto de demandas: salario, contrarreforma agrícola, y una manifestación de empute por la interminable crisis de combustible, que sumado al sentimiento de traición que ya era generalizado entre los sectores, se materializó pronto en el pedido de renuncia.
Lara no controla a los movimientos sociales, que ni siquiera lo defienden, pero su marginación simboliza el viejo esquema de élites dominantes que parecía enterrado.
El vicepresidente acusó el golpe, pero con paciencia ha empezado a recomponerse. Ajustó su imagen pública, racionalizó el uso de redes y empezó a sustituir críticas por propuestas, aunque igualmente fueran ridiculizadas.
Solo José Luis Lupo lo escuchó.
La mesa de la Vicepresidencia, sin embargo, es donde empezaron a avanzar los acuerdos. Despacio. Con mediación eclesial y de Derechos Humanos. Sin prisa, pero sin pausa. Una negociación sin poder, pero con determinación. Sin focos.
De momento Lara ha vuelto al juego. El vicepresidente aprende rápido. Todo el mundo tiene redes, pero no cualquiera llega a ese cargo.








