Mediterráneo: Las quemas



Bolivia se quema de norte a sur y en grandes proporciones de tierra. Esto es tan cierto como que no es un escenario nuevo, sino recurrente ya desde principio de siglo, pero especialmente incidente en los últimos seis años.
Evidentemente hay causas internas que aceleran este proceso y que tienen que ver con la creencia en el chaqueo como forma de aumentar la productividad y en la forma “rápida” de incrementar los terrenos disponibles para aumentar “la frontera agraria” que es el eufemismo que utilizan los grandes terratenientes y ganaderos, pero también los nuevos actores colonizadores cada vez más potentes, para justificar el cambio de uso de suelos. Todos los políticos contemplan este aspecto en sus programas electorales – el de aumentar la producción agrícola – y todos además utilizan los temas de semillas transgénicas y biodiésel como paradigma de desarrollo hablando de mercado interno y de exportación.
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La crisis mundial de alimentos y la ansiedad subyacente entre los demógrafos más prestigiosos y los efectos para el planeta de la barrera de los 10.000 millones de personas en el planeta (hoy 8.200) comiendo tres veces al día ha aumentado, sobre todo, la especulación en el sector agrario. La tierra sigue siendo el principal producto de deseo de los grandes inversores y su reparto en América Latina es además uno de los grandes problemas estructurales.
Después de la pandemia llegó la invasión rusa de Ucrania, dos potencias mundiales de producción de cereales. Unos atribuyen a una causa y otros a la otra, pero lo cierto es que además del clásico incremento de precios de la energía, los precios de los alimentos experimentaron inflación de dos cifras por tres ejercicios consecutivos, y siguen altos, algo que no pasa desapercibido en el campo nacional: toda la producción encuentra mercado y en un momento en el que los dólares son escasos, todos los actores hacen la vista gorda.
Hay un segundo elemento que incide en esto y que es el siempre “inminente” acuerdo del Mercosur con Europa (sugiero releer este artículo de 2017 sobre qué era el Mercosur y qué escenario se atisbaba). Las reticencias francesas a abrir las puertas del mercado de mayor poder adquisitivo a los productos agrarios sudamericanos llevaron a Macron a exigir a última hora algunas cláusulas medioambientales referidas precisamente a la procedencia de los productos que lleguen a Europa, es decir, productos que hayan llegado de “fronteras agrícolas” recientes conquistadas gracias a grandes incendios.
El efecto ha sido doble: ante la posibilidad de que esa cláusula del campo se active, los propietarios y especuladores han buscado “acelerar” su planificación. Por otro lado, la alternativa de China ha sido ponderada por los presidentes, aburridos ya de las excusas europeas, y China no presenta ese tipo de remilgos.
Nada hace indicar que la temporada de lluvia vaya a acelerarse, más bien al contrario. Ahora que el humo llega a las ciudades el asunto se convierte en un problema de salud pública y la gente reacciona, pero lo cierto es que el problema tiene un origen sobre la soberanía, la propiedad y las ambiciones más salvajes del capitalismo, dispuesto a arrasarlo todo para seguir compitiendo en los mercados más lucrativos.
Democracias y otros golpes
La elección de Harris: El debate entre Harris y Trump estaba pintado en rojo como otro de los momentos claves para el partido Demócrata en esta campaña acelerada que han “improvisado” para revertir el camino inexorable hacia la derrota que parecía haber tomado con Biden. Harris lo había trabajado bien con esa nueva arma que ha sacado de la chistera un hombre regordete de 60 años que han colocado de vicepresidente: el humor. Trump no tanto y salió malparado en el choque con algunos excesos verbales y algunas paranoias inauditas que evidentemente se llevaron muchos titulares, como que los migrantes comen mascotas.
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En la sustancia que involucra al mundo entero poco nuevo. Los dos “acabarán las guerras”, aunque Trump elude responder sobre la ayuda que brindaría Ucrania, algo que ha disparado todas las alarmas en ese frente.
Si la campaña de Estados Unidos se convierte en referencia para el resto del mundo, como ha venido pasando desde 2014 con esa forma de hacer política excesiva y malsonante, adelantando líneas que antes parecían intocables, que ha venido a llamarse precisamente “trumpismo” y ha engendrado personajes, con sus diferencias, como Javier Milei, Meloni, Díaz Ayuso o el propio Bukele, puede ser una buena noticia para el tono menos polarizado. El humor siempre es una buena herramienta para distender, pero no siempre la mejor para llegar al fondo de los temas.
La fuga de Edmundo: Problemas serios para la oposición venezolana, que teme haber caído en la trampa de la desactivación o peor, haber perdido la fe. Al régimen le bastó con cursar una orden para que Edmundo Gonzáles volase al exilio ni más ni menos que en la España de Pedro Sánchez, cuyos opositores lo tildan poco más que de “bolivariano”. Sin candidato en el país, Corina Machado se queda sola a medida que las manifestaciones – seguramente por la represión – son cada vez más irrelevantes. Se repite el riesgo de repetir los errores cometidos con Juan Guaidó, aquel presidente electo por la Asamblea, reconocido por algunos países y que al menos se mantuvo en el país, pero que acabó por desarticular a la oposición entre denuncias por el mal uso de los fondos de apoyo.
Maduro ha endurado la situación metiendo más militares en su gobierno. Petro y Lula, que eran hasta ahora la llave de presión más efectiva, están dando pasos al costado y el tema no es prioritario ni para los candidatos de Estados Unidos ni para la Unión Europea. La realpolitik se impone y todos se han acostumbrado ya a hacer negocios con el régimen de Maduro, o a ignorarlo para no ahondar en problemas. La partida parece llegar a su fin.
En cualquier caso, el problema real de la crisis política en Venezuela con tantas aristas e intereses especulativos es este:
El poder de Fujimori: Falleció el patriarca de los Fujimori. Lo hizo en libertad y sin acabar de rendir cuentas después de una excarcelación otorgada por el gobierno interino de Dina Boluarte, por supuesto con contraprestaciones. La figura de Fujimori siempre será paradigmática, reflejo de un tiempo de muchas turbulencias en el continente y seguramente inspirador de la política totalitaria y populista de hoy.
Su muerte deja en el aire muchas preguntas sin respuesta, pero sobre todo da pie a evaluar si le mereció la pena. Su familia sigue siendo factor esencial en la política peruana; Keiko ha intentado la presidencia en tres ocasiones, la última con menos acierto que en las anteriores, aunque logró plegar al resto de la derecha moderada a su alrededor – incluso Vargas Llosa pidió “votar bien” por ella -. Su legado político es sin duda el que explica la podredumbre de un país que ha sabido crecer pero que nunca ha tenido su base democrática interiorizada.
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Entre los recomendados de esta semana:
- Un análisis del dónde estamos y del hacia dónde vamos en este mundo de bloques en el que América del Sur no acaba de encontrar su sitio: El Sur global en la nueva Guerra Fría
- También esta lectura europea sobre la inmigración y el conflicto que genera en la izquierda: La izquierda tiene un problema con la inmigración
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