La Salud de cumplir
Los 250 ítems y el nuevo tomógrafo son buenas noticias para Tarija, pero no pueden convertirse en otra promesa pendiente
Hay que celebrar los acuerdos alcanzados. En un sistema de salud sometido a carencias acumuladas, comprometer 250 ítems para Tarija y la dotación de un nuevo tomógrafo para el Hospital Regional San Juan de Dios constituye una buena noticia. También lo es que el Gobierno nacional haya aceptado sentarse con el Sedes, las redes y las autoridades departamentales para discutir las necesidades de salud concretas del territorio, pero precisamente porque se trata de asuntos demasiado importantes, conviene mantener los pies en la tierra.
El compromiso es un primer paso. Ahora toca cumplirlo. Tarija tiene identificado un déficit de 965 ítems para que su sistema sanitario pueda utilizar adecuadamente la capacidad instalada, hacer funcionar plenamente el Hospital Materno Infantil y ampliar servicios en el San Juan de Dios y en los municipios. Los 250 ítems comprometidos cubren, por tanto, una parte de la necesidad, pero están lejos de resolverla.
El verdadero desafío sigue siendo construir una autonomía que permita planificar y administrar los recursos de salud de acuerdo con las necesidades del territorio
Tarija conoce demasiado bien el historial de compromisos nacionales que se anuncian con solemnidad y luego se dilatan, se recortan o simplemente quedan atrapados en alguna oficina de La Paz. Durante años, hospitales, equipamiento, medicamentos e ítems han formado parte de una interminable negociación en la que las regiones terminan reclamando aquello que deberían poder planificar de manera ordinaria.
Por eso hay que valorar el cambio de actitud, pero también exigir resultados concretos. Si los 250 ítems deben llegar en la primera quincena de septiembre, que lleguen. Si el tomógrafo comprometido debe estar en el San Juan de Dios durante el primer trimestre de 2027, que se cumpla el plazo. Y si existen médicos que dependen del Ministerio distribuidos en programas que pueden incorporarse efectivamente a la atención, que esa reorganización se haga sin más demora.
La salud no puede administrarse a golpe de anuncio.
Pero hay una cuestión todavía más profunda detrás de este encuentro. ¿Por qué Tarija debe esperar permanentemente que el Gobierno nacional decida cuántos médicos puede contratar, qué equipamiento puede recibir o cómo debe organizar sus servicios?
La respuesta nos lleva directamente al debate autonómico.
La verdadera autonomía no consiste solamente en tener autoridades elegidas en el departamento. Tampoco en administrar competencias formalmente transferidas mientras los recursos, las decisiones y buena parte de la capacidad de gestión permanecen centralizados. La autonomía verdadera implica contar con los recursos y las herramientas necesarias para planificar de acuerdo con la realidad del territorio, y eso es particularmente importante en salud.
No tiene las mismas necesidades un departamento disperso territorialmente que otro altamente concentrado. No enfrenta los mismos problemas una población envejecida que una predominantemente joven. Tampoco son iguales las necesidades de la capital y las de las provincias, ni las de una región fronteriza respecto de otra.
Quien conoce esas diferencias con mayor precisión es el territorio, por eso el debate sobre el financiamiento de la salud debe acompañar al debate sobre el Pacto Fiscal y la distribución de competencias. No se trata simplemente de reclamar más dinero. Se trata de determinar quién decide, con qué recursos, bajo qué responsabilidades y con qué mecanismos de fiscalización.
La centralización también genera ineficiencias. Un Gobierno nacional puede diseñar políticas generales, establecer estándares, garantizar derechos y compensar desigualdades. Pero la planificación cotidiana de los servicios debe tener capacidad territorial suficiente para responder con rapidez a las necesidades reales.
El encuentro departamental abre una oportunidad para avanzar en esa dirección. Si existe voluntad de coordinación entre Gobierno nacional y Gobierno departamental, el siguiente paso debería ser discutir cómo institucionalizar esa coordinación y cómo dotar a Tarija de mayor capacidad para ordenar sus recursos.
Celebremos, entonces, los 250 ítems. Esperemos el tomógrafo. Exijamos que se cumplan los plazos, pero no perdamos de vista el problema de fondo.
Tarija no debería pasar su vida esperando que le concedan lo que necesita. Debe tener la capacidad de planificar, priorizar y administrar una parte suficiente de sus recursos para garantizar el derecho a la salud de sus ciudadanos.
Porque la autonomía, si algún día queremos tomarla en serio, también debe servir para eso: para que las decisiones se tomen más cerca de quienes conocen las necesidades y para que los recursos lleguen allí donde realmente hacen falta.





