Apostar por la cultura
La cultura no debe reducirse a eventos aislados ni mucho menos cargarla sobre la voluntariedad: bien gestionada, también genera cohesión social, turismo, empleo creativo y una ciudad más viva y habitable
La Larga Noche de Museos, que se convirtió en semana y terminó el pasado domingo, volvió a demostrar algo que Tarija suele olvidar demasiado rápido: cuando se generan espacios culturales accesibles, cuidados y bien organizados, la ciudadanía responde incluso sobreponiéndose al frío. Familias enteras recorriendo museos, jóvenes participando en actividades artísticas, adultos redescubriendo espacios patrimoniales y calles llenas de movimiento pacífico y creativo dejaron una imagen que vale mucho más que una simple agenda de eventos.
Detrás de cada sala abierta y cada exposición hay una idea de ciudad. Una idea que entiende que la cultura no es un lujo para tiempos de bonanza ni un adorno institucional para llenar discursos, sino una herramienta de cohesión social, identidad y desarrollo, pero, sin embargo, los trabajadores de la Casa de la Cultura siguen sufriendo el maltrato institucional desde hace años.
Tarija tiene un potencial cultural enorme. Tiene historia, patrimonio, artistas, músicos, escritores, artesanos, gestores culturales y espacios urbanos que podrían convertirse en verdaderos polos de actividad permanente. Lo que muchas veces falta no es talento ni interés ciudadano, sino decisión política sostenida.
La cultura suele ser la primera víctima de las crisis fiscales y de las prioridades cortoplacistas. Se la reduce a festivales aislados, actos protocolares o actividades de temporada. El ejemplo de lo que pasa en nuestra Casa de la Cultura es por demás paradigmático, a pesar de que hay consenso amplio de que las ciudades que logran consolidar circuitos culturales activos terminan generando también movimiento económico, turismo, empleo creativo y apropiación positiva del espacio público.
La participación en la Larga Noche de Museos demuestra que existe una ciudadanía dispuesta a encontrarse alrededor del arte, el patrimonio y la identidad cultural.
En tiempos de polarización, incertidumbre económica y desgaste institucional, apostar por el arte y la cultura también es apostar por una sociedad menos agresiva y más consciente de sí misma. Los museos, los teatros, las bibliotecas, las galerías y los centros culturales cumplen una función democrática silenciosa pero fundamental: ayudan a construir ciudadanía.
Por eso, la buena respuesta a la Larga Noche de Museos no debería quedar únicamente como una postal agradable de mayo ni mucho menos sostenerse la cultura sobre la voluntariedad de los artistas o los funcionarios. Debe servir para abrir una discusión mucho más profunda sobre el lugar que ocupa la cultura en las políticas públicas departamentales y municipales.
La nueva gestión departamental tiene allí una oportunidad importante. La gobernadora María René Soruco hace bien en asumir una sensibilidad especial hacia el sector cultural, pero toca plasmarlo en políticas concretas: fortalecimiento institucional, apoyo a gestores independientes, recuperación patrimonial, estímulos a la producción artística y una agenda permanente que descentralice actividades hacia barrios y provincias.
No se trata de gastar por gastar ni de multiplicar eventos sin rumbo. Se trata de comprender que la cultura también construye desarrollo y que una sociedad sin espacios para la creación, la reflexión y la memoria termina empobreciéndose mucho más allá de lo económico.
La masiva participación ciudadana de estos días dejó claro que existe interés, curiosidad y ganas de encontrarse alrededor del arte. Ahora toca que las instituciones estén a la altura y entiendan que la cultura no puede seguir siendo una excepción anual, sino una política pública permanente.


