Torres y la transparencia del gabinete
En política, la confianza es importante; en la administración pública, la transparencia lo es todavía más
La contundente victoria electoral del alcalde Johnny Torres en marzo cerró temporalmente las dudas respecto al respaldo político y popular con el que contaba su gestión. En un contexto nacional marcado por la fragmentación, el desgaste de los oficialismos y la desconfianza hacia las instituciones, el resultado obtenido por el ejecutivo municipal de Tarija fue notorio más allá de la falta de competencia real que encontró en la campaña. Torres, con aciertos y errores, ha sabido construir cercanía y administrar un tiempo complejo desde el punto de vista económico, pero que no ha dejado de generar inquietudes.
Las victorias electorales no borran las responsabilidades administrativas. Mucho menos las sospechas o cuestionamientos que se han acumulado alrededor de algunos manejos económicos de la gestión municipal, especialmente en áreas donde las observaciones sobre contrataciones, ejecución de recursos y rendición de cuentas no han terminado de aclararse completamente ante la opinión pública. Obras Públicas, Salud, Desarrollo Productivo y, sobre todo, la famosa “oficina de Renán” han estado siempre en el foco del escrutinio público.
Precisamente por eso, la conformación del nuevo gabinete municipal debía ser también una señal política. Una oportunidad para fortalecer perfiles técnicos, abrir espacios a profesionales con credibilidad institucional y reforzar los mecanismos de control interno en un municipio que administra recursos sensibles y servicios esenciales para la vida cotidiana de los tarijeños.
Sin embargo, varias de las designaciones conocidas hasta ahora parecen responder nuevamente a la lógica de la fidelidad política antes que a la necesidad de enviar un mensaje de renovación y transparencia. Algunos secretarios y autoridades cercanas al entorno partidario regresan o permanecen pese a haber cerrado etapas anteriores con observaciones pendientes o explicaciones insuficientes respecto al uso de recursos públicos; y algunos concejales que en algún momento pasaron por críticos, gestionan hoy carteras de futuro. En política, la confianza es importante; en la administración pública, la transparencia lo es todavía más.
En un contexto nacional marcado por la fragmentación, el desgaste de los oficialismos y la desconfianza hacia las instituciones, el resultado obtenido por el ejecutivo municipal de Tarija fue notorio más allá de la falta de competencia real que encontró en la campaña.
No se trata de desconocer el derecho legítimo del alcalde a conformar equipos de confianza. Gobernar requiere cohesión política y operadores que compartan visión y objetivos. Pero cuando la lealtad partidaria se convierte en el único criterio visible para ocupar cargos estratégicos, el riesgo institucional aumenta. Y aumenta todavía más cuando el municipio enfrenta restricciones presupuestarias crecientes, demandas sociales acumuladas y una ciudadanía cada vez más sensible frente a cualquier señal de privilegio, desorden o falta de control.
Tarija necesita un gobierno municipal eficiente, cercano y transparente. Necesita autoridades que entiendan que administrar recursos públicos implica también someterse permanentemente al escrutinio ciudadano. La transparencia no puede reducirse a cumplir formalidades burocráticas ni a responder únicamente cuando estalla una polémica. Debe convertirse en una práctica cotidiana, visible y verificable.
Johnny Torres encara probablemente el tramo más importante de su trayectoria política. Las obras, los proyectos urbanos o la capacidad de gestión serán parte de su legado, pero también lo será la calidad ética e institucional de su administración. Al final, cuando las gestiones terminan, los secretarios pasan y los operadores desaparecen, el nombre que permanece asociado a cada decisión es el del alcalde.
Por eso corresponde exigir máxima transparencia, controles rigurosos y tolerancia cero frente a cualquier irregularidad. No solo por una cuestión legal, sino por responsabilidad histórica con una ciudad que necesita recuperar plenamente la confianza en sus instituciones.


