La hora de decidir

Cuando amplios sectores sienten que no tienen representación, ni margen económico ni expectativas de mejora, el conflicto deja de ser coyuntural y se convierte en una disputa por legitimidad

Rodrigo Paz Pereira compareció en conferencia de prensa en medio de una jornada de nuevo marcada por las protestas, los bloqueos y la escasez en La Paz. Su alocución fue larga y respondió todas las preguntas. Empezó tendiendo la mano – señaló que las protestas son el ejercicio de la libertad - y reconociendo errores, como reconocen los presidentes, es decir, prometiendo un cambio de gabinete – se supone que más plural – y una suerte de Consejo Económico y Social con organizaciones sociales para discutir las futuras leyes y decretos y que se supone será otro organismo distinto al ya creado por Ley. Después hizo su típico recorrido por la coyuntura, utilizando datos circunstanciales, como el del valor de la exportación, ligado al auge de los minerales, o ligeramente acomodados, como el de la estabilidad del dólar, que ya ha pasado de 10 bolivianos en su formato referencial. Y finalmente hizo algunas referencias personales y familiares; negó estar pagando “cuentas de campaña”, para acabar descalificando a los protestantes y haciendo referencias a la mano dura.

El presidente tendió la mano y reconoció errores, pero volvió a dejar demasiadas dudas sobre cómo piensa conducir una crisis que ya desborda lo económico y erosiona la convivencia social

Sin duda, la intervención del presidente es un gesto político, aunque el contenido volvió a generar división de opiniones. Aquellos que le piden más certezas, sea en la intervención policial, sea en la convocatoria del diálogo fijando lugar, fecha y hora, seguramente no habrán quedado conformes. Por lo general, las conferencias del presidente van en esa línea de indefinición desde siempre y se ha expuesto demasiado en varias ocasiones, por lo que veremos en qué se traduce concretamente el anuncio.

En cualquier caso, la pelota no está aun en el tejado de los manifestantes, que no tienen “nada que perder”: Sin representación política en la Asamblea Plurinacional, sin acceso de ningún tipo al gabinete y con una orientación económica que concentra los esfuerzos de pago de la crisis en las clases más bajas, el pedido de renuncia es quizá la única consigna disponible para la gente que ve subir la leche, el pan, la carne, la gasolina mientras se liberan dólares para comprar en el exterior o ir de vacaciones o se quita Impuesto de Grandes Fortunas.

El gabinete de Paz parece haber dejado al tiempo como árbitro. Que el desgaste haga lo suyo y que el enfrentamiento entre bolivianos, físico y emocional, juegue su papel, sin embargo, el mensaje es poco alentador para esas estrategias basadas en la “inversión extranjera” o en el turismo o en la “seguridad jurídica” que se formula sin consistencia, y pronto los efectos de los salarios que no alcanzan desbordarán también a la clase media. Seguramente cualquier otra estrategia de implementación hubiera sido más adecuada que tildar de delincuentes y corruptos a cualquiera que discrepara.

Paz es el presidente de todos los bolivianos y debe lidiar con la complejidad del país, de una forma o de otra, para alcanzar sus objetivos. Gobernar Bolivia exige algo más que administrar el desgaste.


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