Paz, momento difícil

Más allá de los acuerdos sectoriales, Paz necesitaría un giro de fondo en su despliegue gubernamental para recuperar el control

El gobierno continúa atrapado en una sucesión de protestas que intenta resolver por la vía de la negociación sectorial, pero que no acaba de servir como solución por algunos motivos de fondo que han abierto heridas más profundas de lo que se reconoce. La violencia ya ha estallado y vaya por delante la condena tajante de este medio.

Después de dos semanas de caminar por el borde del precipicio, es posible que se hayan tomado algunas decisiones y retirado a algunos cuadros y asesores de la “war room”, porque la estrategia de repetir mil veces lo malos que son todos los que protestan, y considerarlos un ente inerte y bobo al servicio de los intereses de Evo Morales no ha convencido a nadie.

Los movilizados son los mismos que hace unos meses, con todas las opciones electorales desahuciadas, decidieron creer en las promesas de Rodrigo Paz y su compañero de “perfil popular” Edmand Lara

Rodrigo Paz ganó las elecciones levantando las banderas de “lo nacional – popular”, un concepto que ni los académicos logran definir por unanimidad pero que se entiende a los pocos minutos de dar un paseo por las laderas de La Paz, los valles del Trópico, los anillos exteriores de Santa Cruz y cualquier mercado o terminal de buses de cualquier ciudad del país. Una vida entera haciendo política en el país, Paz tenía todas las claves a su disposición para conducir el país hacia algo distinto pero que integrara todas las sensibilidades, pero ni bien asumió el gobierno, tal como reflejan las crónicas políticas desde entonces, se olvidó.

Es verdad que se han desactivado protestas con acuerdos, pero ninguno tiene visos de definitivo. El Transporte se retiró de los bloqueos cuando se certificó cierta mejora de la calidad de la gasolina y el pago sin mucho trámite a sus afiliados y los cooperativistas mineros, cuando se les ha prometido condonar parte de deudas a la CNS y algunas concesiones polémicas más. Ninguno de los dos sectores tiene rastro de “socialismo”, pero si de nacionalpopulismo, como los maestros, que aceptaron un bono – también ofrecido en previsión a la Policía – y postergaron su reclamo de incremento hasta octubre. También los campesinos de tierras bajas lograron la abrogación de la 1720 y se retiraron. Ninguno de los cuatro sectores ha prometido más que una tregua.

Las protestas sin embargo no han cesado. La Central Obrera Boliviana y los Campesinos firmaron un acuerdo de “no traición” y elevaron el pedido a la renuncia. La Tupac y las 20 provincias de La Paz con sus ponchos rojos siguen embravecidos difundiendo esas coreografías tipo sediciosas que se hacen tan virales y el evismo irrumpió ayer en las inmediaciones de plaza Murillo con toda la violencia posible.

La negociación no es imposible, pero es difícil, porque en pocos meses los conflictos de fondo se han puesto sobre la mesa tocando fibras sensibles de la configuración emocional de este país – tierras, privatizaciones, sacrificios, etc., - implementando además una lógica comunicacional de confrontación que, finalmente, ha estallado y, que, como se preveía, ha evidenciado las costuras de un gobierno aupado por los mismos sectores que hoy se movilizan. Sectores que hace unos meses, con todas sus opciones electorales vetadas o desahuciadas, decidieron creer en las promesas de Rodrigo Paz y su compañero de “perfil popular” Edmand Lara, que rápidamente fue marginado.

Rodrigo Paz, viniendo de donde viene, nunca estuvo en posiciones maximalistas, pero por alguna extraña razón, probablemente de urgencias o condicionamientos, ha apostado por un camino que no le está dando resultados, sino que más probablemente, le lleve a perder pie en el precipicio. Paz debe reflexionar y encontrar los caminos que le den la estabilidad necesaria al país para introducir los cambios que se necesitan con diálogo, transparencia y consensos, porque de lo contrario, quedará encallado en tierra de nadie, sin base, sin dólares, sin inversiones, y sin gobierno.


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