Sin prensa libre, la democracia se encoge

El Día Internacional de la Libertad de Prensa encuentra al periodismo en una encrucijada. Defender medios libres, sostenibles y plurales no es una causa corporativa: es una necesidad pública para la salud democrática del país.

Cada 3 de mayo el mundo recuerda el valor de la libertad de prensa. No se trata de una fecha ornamental ni de una efeméride reservada al gremio periodístico. Se trata de una advertencia: cuando la prensa se debilita, la democracia pierde capacidad de corregirse, de fiscalizarse y de conocerse a sí misma.

Bolivia llega a esta jornada en un momento delicado después de muchos años de asfixia, cuyas lógicas parecen persistir.

Los medios atraviesan una crisis económica profunda; algunos han desaparecido, otros se han reducido al mínimo y varios sobreviven entre precariedad y desgaste. Al mismo tiempo, la conversación pública se ha desplazado hacia plataformas donde prima la velocidad sobre la verificación, la emoción sobre el contexto y el algoritmo sobre el criterio editorial.

No todo lo nuevo es negativo, por supuesto. La democratización tecnológica ha abierto voces, formatos y accesos antes impensables. Pero también ha erosionado las condiciones materiales necesarias para hacer periodismo profesional: tiempo para investigar, equipos especializados, independencia económica, contraste de fuentes y responsabilidad legal sobre lo publicado.

Defender la libertad de prensa hoy no consiste únicamente en rechazar censuras explícitas. Consiste en crear condiciones para que existan medios libres, diversos y viables, ajenos a presiones políticas y a la tiranía del clic fácil

La paradoja es evidente: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, resulta cada vez más difícil encontrar información confiable.

A ello se suma una práctica preocupante del poder, sin distinción de colores políticos: sustituir el diálogo con la prensa por canales propios de propaganda. Muchas autoridades prefieren monólogos controlados, entrevistas amistosas o mensajes sin repreguntas. La prensa incómoda se margina; la prensa complaciente se premia. Es una tentación vieja con herramientas nuevas.

También el sector privado tiene responsabilidades. En demasiadas ocasiones, la pauta publicitaria se utiliza solo con lógica comercial inmediata, sin comprender que el ecosistema informativo sólido beneficia a toda la economía. Mercados sanos requieren instituciones creíbles, reglas previsibles y ciudadanía informada.

Por eso conviene cambiar el enfoque. La libertad de prensa no puede seguir viéndose solo como un asunto empresarial o gremial. Debe ser entendida como un bien público.

Un bien público porque beneficia incluso a quien no consume noticias a diario. Porque una investigación sobre corrupción protege recursos colectivos. Porque una cobertura seria de salud puede salvar vidas. Porque el seguimiento a obras, presupuestos y políticas mejora la gestión. Porque una sociedad informada decide mejor.

Esa consideración exige nuevas respuestas. Marcos regulatorios que protejan la independencia y no castiguen la crítica. Transparencia en la distribución de publicidad estatal. Incentivos para medios locales y regionales. Fomento a modelos cooperativos, comunitarios o de suscripción. Educación mediática para distinguir información de manipulación. Y, sobre todo, una ciudadanía dispuesta a sostener aquello que dice valorar.

No hay periodismo independiente sin alguna forma de sostenibilidad independiente.

Desde Tarija lo sabemos bien. Los medios regionales cumplen una tarea insustituible: narran lo cercano, preservan memoria, conectan comunidades y sobre todo, vigilan al poder local y al nacional con toda la claridad y libertad que da la distancia. Cuando desaparecen, no los reemplaza una red social ni un despacho centralista. Queda un vacío democrático.

La prensa, como toda institución humana, puede equivocarse y debe mejorar constantemente. Pero su fragilidad actual debería preocupar a todos, no solo a quienes trabajan en ella.

Defender la libertad de prensa hoy no consiste únicamente en rechazar censuras explícitas. Consiste en crear condiciones para que existan medios libres, diversos y viables, ajenos a presiones políticas y a la tiranía del clic fácil.

Porque cuando cae un periódico, cuando calla una radio, cuando se extingue una redacción, no pierde solo una empresa. Pierde la sociedad entera.

 


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