La ciudad a escala humana

Tarija puede y debe avanzar hacia un modelo de ciudad más equilibrado. Uno donde caminar no sea un riesgo y pedalear no sea una aventura

Tarija tiene condiciones que muchas ciudades envidiarían: una geografía amable, distancias razonables y un clima que invita a estar en la calle. Sin embargo, su desarrollo urbano reciente todavía ha seguido una lógica que prioriza el vehículo particular por encima de las personas. El resultado es visible: aceras estrechas o inexistentes, cruces inseguros y una red de ciclovías fragmentada que no termina de consolidarse como alternativa real de movilidad.

No se trata de una discusión estética ni de una moda importada. Es una cuestión de planificación y de calidad de vida. Las ciudades que han decidido apostar por el peatón y la bicicleta no solo son más ordenadas, sino también más saludables, más seguras y, en muchos casos, más dinámicas económicamente.

En Tarija, el potencial es evidente. La bicicleta no debería ser un lujo recreativo de fin de semana, sino un medio de transporte cotidiano. Para ello, no basta con tramos aislados de ciclovía o proyectos inconexos. Se necesita una red continua, bien señalizada, segura y, sobre todo, útil: que conecte barrios con centros educativos, mercados, oficinas y espacios públicos. Si además se disponen lugares de parqueo seguros, la apuesta daría un nivel de calidad extraordinario.

Planificar mejor no es complicar la ciudad, sino hacerla más simple, más cercana y más humana

La planificación urbana debe partir de una premisa básica: la calle es un espacio compartido, no un corredor exclusivo para automóviles. Eso implica repensar el diseño vial, ampliar y dignificar aceras, reducir velocidades en zonas residenciales y garantizar cruces seguros. Implica también ordenar el transporte público – que debe ser prioritario en el centro - y desincentivar, de manera progresiva, el uso indiscriminado del vehículo privado en las calles más transitadas de la ciudad y que se convierten en verdaderos embotellamientos.

Los beneficios son múltiples. Menos congestión, menos contaminación, más actividad física y una ciudad más habitable. En un contexto donde los problemas de salud asociados al sedentarismo y la mala calidad del aire van en aumento, promover el uso de la bicicleta no es solo una decisión urbana, sino también sanitaria. Incluso en estos momentos de gasolina cara y, sobre todo, dudosa calidad, la apuesta por la bicicleta supone un ahorro a todos los niveles.

En cualquier caso, como en tantos otros ámbitos, el desafío es pasar del discurso a la ejecución. Los planes existen, los diagnósticos están hechos, y la ciudadanía —especialmente los más jóvenes— muestra cada vez mayor disposición a cambiar sus hábitos de movilidad. Lo que falta es decisión política para priorizar este enfoque de manera sostenida.

Tarija puede y debe avanzar hacia un modelo de ciudad más equilibrado. Uno donde caminar no sea un riesgo y pedalear no sea una aventura.

Porque al final, planificar mejor no es complicar la ciudad, sino hacerla más simple, más cercana y más humana.


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