El día después

Ganadas las elecciones, empieza lo verdaderamente complejo: gobernar con responsabilidad, honrar los compromisos asumidos y encarar, sin excusas, los desafíos estructurales del departamento

La jornada electoral del 19 de abril deja una primera certeza que conviene subrayar: Tarija ha respondido a la convocatoria democrática. Con matices, con tensiones propias de todo proceso competitivo, pero con participación y voluntad de decidir su futuro en las urnas. Ese es, en sí mismo, un activo que no debe darse por descontado en tiempos de incertidumbre política y desgaste institucional.

Hoy María René Soruco es la nueva Gobernadora electa de Tarija de una forma contundente, y como es sabido: lo difícil empieza ahora.

Ganar una elección de esa forma otorga total legitimidad, pero obviamente, no resuelve los problemas. Es apenas el punto de partida. A partir de hoy, la responsabilidad recae sobre quienes han sido elegidos para conducir el departamento en una etapa particularmente compleja, marcada por la reducción de ingresos, el agotamiento del modelo gasífero y la necesidad urgente de redefinir el horizonte productivo de Tarija.

La democracia ha hablado y ahora corresponde traducir ese mandato en gestión, acuerdos y resultados concretos.

La autonomía, tantas veces reivindicada en el discurso, deberá encontrar en esta nueva etapa una expresión más concreta y eficaz. Defenderla no implica solo invocarla, sino ejercerla con responsabilidad, planificación y capacidad de gestión. Eso exige instituciones sólidas, coordinación entre niveles de gobierno y, sobre todo, una visión compartida de desarrollo.

En ese camino, hay agendas que no admiten más dilaciones. El turismo, por ejemplo, ha sido durante años una promesa recurrente, pero insuficientemente estructurada. Tarija tiene condiciones naturales, culturales y gastronómicas para posicionarse, pero requiere inversión, promoción sostenida y una articulación real entre sector público y privado.

Lo mismo ocurre con la producción. Apostar por actividades de mayor valor agregado ya no es una opción, sino una necesidad. La diversificación productiva, el impulso a la agroindustria, la innovación y el acceso a mercados deben formar parte de una estrategia coherente que trascienda los periodos de gobierno.

En paralelo, el respeto al medio ambiente debe dejar de ser un enunciado y convertirse en política efectiva. La amenaza sobre Tariquía planea hace tiempo. Tarija no puede comprometer sus recursos naturales en busca de soluciones de corto plazo. El equilibrio entre desarrollo y sostenibilidad será determinante para garantizar oportunidades a futuro.

Y, por supuesto, están las obras. Infraestructura vial, conectividad, servicios básicos y fortalecimiento del sistema de salud no son demandas nuevas, pero sí urgentes. La ciudadanía ha votado también con esa expectativa: que la gestión pública mejore su vida cotidiana de forma tangible.

Nada de esto será posible sin diálogo. La pluralidad que han dejado las urnas obliga a construir acuerdos, a superar la lógica de bloques cerrados y a entender que gobernar implica, en buena medida, negociar sin renunciar a los principios.

A quienes han ganado, les corresponde liderar con responsabilidad y apertura. A quienes no, ejercer una oposición firme, pero constructiva. Y a la ciudadanía, mantener la vigilancia activa que toda democracia requiere.

Tarija ha cumplido con su parte. Ahora es turno de sus autoridades.


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