La semana decisiva

La semana previa al balotaje (y a la efeméride) en Tarija debería marcar un giro hacia el debate de propuestas en un contexto de desafíos económicos y sociales urgentes

Tarija entra en una semana crucial. Entre la demora del conteo, la euforia futbolera, y la Semana Santa, el tiempo vuela. El próximo 19 de abril no solo se elegirá a un gobernador o gobernadora: se definirá el rumbo de un departamento que atraviesa un momento complejo, con desafíos estructurales que ya no admiten postergaciones ni soluciones improvisadas.

El contexto obliga.

La caída de la renta gasífera, la necesidad de diversificar la economía, el desafío de fijar población en las provincias, el potencial aún subexplotado del turismo y la urgencia de mejorar servicios e infraestructuras configuran una agenda exigente. No se trata de administrar lo que hay, sino de transformar lo que viene.

Y, sin embargo, la campaña no siempre está a la altura.

En lugar de profundizar propuestas, contrastar modelos de gestión o explicar con claridad cómo se enfrentarán estos retos, se ha ido imponiendo una lógica conocida: la chicana, el ataque personal, el ruido que distrae, pero no construye. Es una tentación habitual en política, pero especialmente peligrosa en momentos como este.

Porque lo que está en juego es demasiado importante.

Tarija necesita claridad. Necesita saber qué se propone hacer con sus recursos, cómo se piensa generar empleo, qué modelo de desarrollo se plantea para los próximos años. Necesita, en definitiva, una discusión seria sobre su futuro.

Eso exige campañas a la altura.

Los candidatos tienen la responsabilidad de elevar el nivel del debate. De explicar, con rigor y sin ambigüedades, sus planes de gobierno. De confrontar ideas, no personas. De asumir que el electorado merece respeto, no espectáculo.

La ciudadanía, por su parte, también tiene un rol clave. Exigir contenido, no dejarse arrastrar por el ruido y votar con criterio en función de propuestas y trayectorias. La calidad de la democracia no depende solo de quienes compiten, sino también de quienes eligen.

Más que ataques y ruido, el departamento necesita claridad, ideas y liderazgo para definir su futuro el 19 de abril

El balotaje es, además, una segunda oportunidad.

Una instancia que permite afinar decisiones, comparar opciones y corregir errores. Pero para que cumpla esa función, debe estar acompañado de un debate más profundo, más honesto y más centrado en lo que realmente importa.

Tarija tiene historia, tiene identidad y tiene potencial. Pero también tiene cuentas pendientes que requieren liderazgo, capacidad de gestión y visión de largo plazo.

El 19 de abril no debería decidirse por quién grita más fuerte o golpea más bajo.

Debería decidirse por quién ofrece mejores respuestas.

Aún hay tiempo para corregir el rumbo de la campaña. Para pasar del ruido a las ideas, de la confrontación estéril a la discusión productiva.

Sería, sin duda, una buena señal de que la política —cuando quiere— puede estar a la altura de los desafíos que la sociedad le plantea.


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