Abril, Tarija y su destino
Tarija ha demostrado a lo largo de su historia que sabe resistir, que sabe defender lo suyo y que no se resigna fácilmente; hoy además hay que construir
Hoy arranca abril, y abril no es un mes cualquiera en Tarija. Es el mes en el que la historia se hace presente, en el que la memoria de la gesta libertaria del 15 de abril vuelve a interpelarnos y en el que, una vez más, se nos recuerda que este territorio nunca fue pasivo frente a su destino. Tarija ha sido, por vocación y por necesidad, una región indomable, con un fuerte pulso autonomista que ha marcado su relación con el poder central a lo largo de los siglos.
Este año, sin embargo, la efeméride llega en un contexto particular. Apenas cuatro días después, el 19 de abril, el departamento volverá a las urnas para definir su rumbo en el balotaje. Historia y coyuntura se entrelazan de forma inevitable, obligando a mirar más allá del momento electoral y a reflexionar sobre el proyecto de región que se quiere construir.
Porque si algo enseña la historia tarijeña es que la autonomía no es un eslogan, sino una responsabilidad.
Ser autonomistas no implica solo reclamar recursos o competencias, sino administrarlos con inteligencia, proyectar desarrollo y asumir que el futuro depende, en gran medida, de las decisiones que se toman en casa. Y en ese sentido, Tarija enfrenta desafíos estructurales que no admiten más dilaciones.
El primero es la productividad. Durante años, el departamento ha dependido en exceso de la renta gasífera, un recurso finito que ya muestra signos evidentes de agotamiento. La transición hacia una economía más diversificada no es una opción, es una urgencia. Apostar por el agro, por la vitivinicultura, por la transformación productiva y por la innovación será clave para sostener el crecimiento en el mediano y largo plazo.
Que la efeméride no se reduzca a discursos, sino que sirva para renovar compromisos concretos con el desarrollo del departamento.
El segundo desafío es territorial. Tarija no puede resignarse a concentrar población y oportunidades únicamente en su capital. Fijar población en las provincias, generar condiciones para que la gente pueda vivir y prosperar en su lugar de origen, es fundamental para evitar el vaciamiento rural y aprovechar el potencial productivo de todo el departamento.
El turismo aparece, en este contexto, como una de las grandes oportunidades aún insuficientemente desarrolladas. Tarija tiene paisaje, cultura, identidad y clima. Tiene, además, una tradición hospitalaria que puede convertirse en ventaja competitiva. Pero eso exige planificación, inversión y estándares de calidad que permitan posicionar al departamento más allá del circuito local.
Y todo ello, inevitablemente, remite a un cuarto desafío: los servicios y la infraestructura. No hay desarrollo posible sin caminos en buen estado, sin acceso garantizado al agua, sin energía confiable, sin conectividad y sin servicios básicos de calidad. La competitividad de una región se construye también desde ahí, desde lo cotidiano.
Abril, entonces, no debería ser solo un ejercicio de memoria, sino también de proyección.
En medio de la contienda electoral, convendría que los liderazgos en disputa estén a la altura de esta historia y de estos desafíos. Que la efeméride no se reduzca a discursos, sino que sirva para renovar compromisos concretos con el desarrollo del departamento.
Tarija ha demostrado a lo largo de su historia que sabe resistir, que sabe defender lo suyo y que no se resigna fácilmente. Hoy, el reto es distinto: no se trata solo de resistir, sino de construir.
Y para eso, más que nunca, se necesita visión, responsabilidad y una comprensión clara de que la verdadera autonomía no se declama: se ejerce.


