Una nueva Asamblea para los desafíos pendientes
Más allá de la distribución de fuerzas, la nueva Asamblea tiene la oportunidad —y la obligación— de recuperar relevancia, impulsar reformas pendientes y convertirse en un verdadero espacio de acuerdos para Tarija
Aún sin resultados oficiales definitivos, todo apunta a que Tarija ingresará en una nueva etapa legislativa con una configuración distinta en su Asamblea Departamental. Más allá de la aritmética final —siempre relevante en un órgano deliberativo— lo verdaderamente importante será la capacidad de esta nueva Asamblea para estar a la altura de los desafíos que el departamento tiene por delante.
La Asamblea Legislativa Departamental no es un actor secundario dentro del esquema autonómico. Es, en esencia, la instancia encargada de definir el marco normativo que orienta el desarrollo de Tarija, de fiscalizar la gestión del Ejecutivo y de abrir espacios de deliberación sobre los grandes temas que afectan a la región.
Sin embargo, en los últimos años esa potencialidad ha estado lejos de materializarse plenamente.
La percepción ciudadana sobre la Asamblea ha ido deteriorándose con el tiempo. Debates de bajo nivel, escasa producción legislativa de impacto y una estructura que muchos consideran sobredimensionada han debilitado su legitimidad.
Hoy, con una nueva legislatura en puertas, se abre una oportunidad para revertir esa tendencia.
El reto es claro: recuperar el sentido de la institución como un espacio de propuestas, de debate serio y de construcción de políticas públicas. Para ello será imprescindible elevar la calidad de la discusión, priorizar los temas estructurales y dejar de lado dinámicas estériles que poco aportan al desarrollo del departamento.
Entre los pendientes más evidentes se encuentra la reforma del Estatuto Autonómico
Entre los pendientes más evidentes se encuentra la reforma del Estatuto Autonómico. Un proceso que ha sido postergado en legislaturas anteriores y que resulta clave para modernizar el funcionamiento institucional del departamento.
La discusión no es menor. Incluye aspectos como la optimización del número de asambleístas, la eficiencia en el uso de recursos y la adecuación de la estructura legislativa a las necesidades reales de Tarija.
Se trata, además, de una reforma que exigirá acuerdos amplios y eventualmente la consulta ciudadana. Es, por tanto, una prueba de madurez política para la nueva Asamblea.
A ello se suman otras iniciativas relevantes: marcos normativos para alianzas público-privadas, estrategias de impulso al turismo, revisión de normativas obsoletas y, en general, una agenda orientada a dinamizar la economía departamental en un contexto cada vez más exigente.
La historia reciente de la Asamblea Departamental muestra una constante: la dificultad para construir mayorías estables. Fragmentación, rupturas internas y alianzas coyunturales han marcado su funcionamiento.
En ese contexto, la nueva legislatura deberá asumir que el diálogo no es una opción, sino una necesidad. Ninguna fuerza política, por sí sola, podrá responder a los desafíos del departamento si no es capaz de construir consensos mínimos.
Los grandes temas —reforma institucional, desarrollo productivo, sostenibilidad fiscal— requieren acuerdos que trasciendan coyunturas y posiciones partidarias.
En sus primeros años, la Asamblea fue concebida también como un espacio de formación y proyección de liderazgos políticos. Con el tiempo, ese rol se ha ido diluyendo.
Recuperarlo implica volver a situar el debate en un nivel acorde a la responsabilidad que implica legislar para todo un departamento.
Tarija necesita una Asamblea activa, austera y propositiva. Una institución que no solo reaccione, sino que anticipe, que proponga y que acompañe el proceso de transformación que el departamento requiere.
Desde este espacio, solo cabe desear a la nueva Asamblea la mejor de las suertes. Pero también recordar que la suerte, en política, suele depender del trabajo, la responsabilidad y la capacidad de escuchar.
La próxima legislatura tiene la oportunidad de marcar un punto de inflexión. Aprovecharla o repetir los errores del pasado dependerá, exclusivamente, de quienes hoy están llamados a representar a la ciudadanía.


