El día después de Marset
La captura del narcotraficante Sebastián Marset en Santa Cruz representa uno de los operativos policiales más importantes de los últimos años en Bolivia
La captura del narcotraficante uruguayo Sebastián Marset en Santa Cruz ha sido, sin duda, uno de los operativos policiales más relevantes de los últimos años en Bolivia. La operación se ejecutó con precisión: sin disparos, sin enfrentamientos, sin víctimas ni fugas. Un resultado limpio que ha sido destacado por la prensa nacional e internacional y que representa un éxito operativo incuestionable.
Durante años, Marset fue considerado uno de los narcotraficantes más buscados del continente. Desde Bolivia habría coordinado buena parte de sus actividades, tejiendo redes criminales con organizaciones de alcance regional. Entre ellas, el poderoso Primeiro Comando da Capital, uno de los grupos criminales más influyentes de América Latina, cuya presencia en los circuitos del narcotráfico sudamericano es ampliamente conocida.
La operación demuestra que, cuando existe coordinación institucional y decisión política, el Estado boliviano puede actuar con eficacia frente a estructuras criminales complejas. Conviene recordarlo en un país donde, con demasiada frecuencia, los éxitos propios se atribuyen inmediatamente a factores externos.
Es cierto que la cooperación internacional juega un papel importante en la lucha contra el narcotráfico. Pero en este caso corresponde reconocer que fue la Policía Boliviana la que llevó el peso del operativo que permitió detener a Marset en territorio nacional antes de su posterior traslado a Estados Unidos.
Sin embargo, la historia del narcotráfico enseña que la caída de un gran capo rara vez significa el fin de la organización que lo rodea. Al contrario: suele abrir un periodo de reacomodo interno en el que distintos actores intentan ocupar el espacio de poder que queda vacante.
El negocio sigue existiendo. Y mientras exista un mercado internacional dispuesto a pagar por la droga, habrá estructuras criminales dispuestas a producirla, transportarla y comercializarla.
Cada vez que cae un líder de alto perfil se produce una recomposición de las redes criminales. Nuevos intermediarios emergen, antiguos aliados se reagrupan y las rutas se reorganizan. El narcotráfico funciona, en ese sentido, como un sistema flexible que se adapta rápidamente a los golpes que recibe.
El golpe al crimen organizado es significativo, pero la experiencia demuestra que tras la caída de un gran capo suelen venir reacomodos en las redes del narcotráfico que buscan ocupar el espacio dejado vacante.
La captura de Marset también obliga a mirar con mayor atención la penetración del crimen organizado en la región. Que uno de los narcotraficantes más buscados de Sudamérica haya podido residir durante años en una zona acomodada de Santa Cruz no es un dato menor.
Habla de redes logísticas, protección económica, lavado de dinero y vínculos que trascienden el ámbito estrictamente criminal. El narcotráfico moderno no funciona solo con violencia: se apoya también en estructuras financieras, empresariales y sociales que le permiten operar con relativa normalidad.
En ese contexto, la lucha contra el crimen organizado exige algo más que operativos exitosos. Requiere inteligencia sostenida, control financiero, cooperación internacional y fortalecimiento institucional.
La caída de un capo suele marcar el inicio de una nueva etapa en la disputa por el control del negocio. Bolivia no será una excepción. Otros nombres ya aparecen en el radar de las autoridades, entre ellos el de Coco Vásquez, considerado actualmente uno de los objetivos prioritarios de la lucha contra el narcotráfico en el país.
En los próximos meses será posible evaluar si este golpe representa realmente un punto de inflexión o si, como tantas veces en el pasado, las redes criminales logran reorganizarse y continuar operando con nuevos liderazgos.
Por ahora, corresponde reconocer el mérito del operativo. Pero también recordar que la lucha contra el narcotráfico no se gana con una sola captura, por importante que esta sea. Se gana construyendo instituciones capaces de sostener esa presión en el tiempo.


