Pensiones, transparencia y confianza
Los cambios en la Gestora Pública no han venido acompañados de mayor transparencia: desde junio de 2025 no se publica la cartera de inversión
Hay cifras que no pertenecen al debate político coyuntural, sino al patrimonio de la ciudadanía. Los 29.500 millones de dólares del Sistema Integral de Pensiones (SIP), que a febrero de 2026 corresponden a 2,7 millones de aportantes, son una de ellas. No son recursos fiscales, ni fondos discrecionales: son ahorros laborales con destino previsional.
La investigación publicada hoy por este diario ofrece la última fotografía disponible del portafolio de inversiones antes de que se interrumpiera su difusión pública en junio de 2025. Desde entonces, silencio oficial. Y ese silencio es, hoy, un problema central.
El debate abierto tras aquellas declaraciones del presidente Rodrigo Paz Pereira en noviembre todavía resuena: “sus ahorros no están”, dijo. Sus asesores salieron atribulados y como casi siempre desordenados a tratar de parar una catástrofe: los Fondos de Pensiones son el principal motor del sistema financiero nacional.
Después se corrió un tupido velo sobre aquello, pero no debería reducirse a si la frase fue técnicamente precisa o no. Los fondos no “desaparecen” porque están invertidos. La cuestión de fondo es otra: cómo se invirtieron, en qué proporciones, con qué riesgos y bajo qué criterios de gobernanza. Estos asuntos siempre fueron opacos, controlados solo por una pequeña élite de poder.
El SIP -según la foto de junio - muestra una concentración relevante en deuda soberana, exposición a entidades en default como Banco Fassil y el uso de operaciones financieras complejas como los reportos sobre bonos externos. También revela una diversificación internacional incipiente —con presencia, entre otros, de instrumentos vinculados a BlackRock Inc. y organismos multilaterales—, aunque aún marginal en términos porcentuales.
Nada de esto es, por definición, ilegal. Pero todo exige explicación pública detallada.
Existe además un vacío institucional que no puede pasarse por alto: la ausencia de Directorio en la Gestora, pese a que la Ley de Pensiones prevé su conformación como máxima instancia de definición estratégica. Cuando se gestionan recursos de esta magnitud y horizonte temporal —bonos con vencimientos de hasta casi 30 años— la estructura de control no es un formalismo; es una garantía.
Los fondos de pensiones son la promesa de estabilidad en la vejez para millones de familias. Esa promesa solo puede sostenerse con información clara, accesible y oportuna.
La opacidad no distingue colores políticos. Si el gobierno anterior incrementó sostenidamente la colocación de deuda soberana en el fondo en un contexto de restricciones fiscales severas, el actual tiene la responsabilidad de no reproducir el mismo patrón de silencio informativo. La transparencia no puede ser selectiva ni reactiva.
Un fondo de pensiones debe equilibrar tres variables esenciales: seguridad, liquidez y rentabilidad real. En un entorno inflacionario elevado, con deterioro de calificación soberana y con parte de los activos atrapados en instituciones intervenidas, el análisis técnico es indispensable.
Los trabajadores tienen derecho a conocer las tasas exactas pactadas en los bonos emitidos, los criterios de valuación, los riesgos asumidos y la estrategia de diversificación. Sin información actualizada, el aportante no puede evaluar si su ahorro preserva poder adquisitivo o si está asumiendo riesgos excesivos frente a la capacidad de pago del propio Estado.
No se trata de generar pánico ni de deslegitimar al sistema previsional. Se trata de fortalecerlo. Publicar periódicamente el portafolio, detallar tasas, plazos, exposiciones y criterios de inversión debería ser la norma mínima en una democracia que aspira a credibilidad institucional.
Los fondos de pensiones son la promesa de estabilidad en la vejez para millones de familias. Esa promesa solo puede sostenerse con información clara, accesible y oportuna.
La última fotografía fue tomada hace demasiado tiempo. Lo que no puede continuar es el silencio.


