Muertos de humo

El problema es el de siempre: La falta de autoridad es demasiado grave y nadie parece dispuesto a ponerle el cascabel al gato

Bolivia se quema porque todos queman. Queman los interculturales asentados en regiones bajas para abrir más espacios para sus fines, queman los ganaderos para abrir más espacios a sus pastizales, queman los grandes terratenientes para economizar en los trabajos de desbroce y demás y queman los pequeños más por tradición que porque realmente les sea útil, porque sí, hace tiempo que se ha demostrado que los chaqueos aportan muy poco a la función agrícola y que al contrario, agotan los minerales de la tierra y la convierten en improductiva aceleradamente.

El asunto central y en este caso, el común denominador, es la tierra. Cada uno argumenta su utilidad y busca su resguardo, para el que normalmente encuentra el cobijo del propio Estado. Así como suena. Unos, otros y otros logran hacer equilibrios y amarres suficientes para que ni el INRA, ni la ABT, ni ninguna otra entidad cercana a estos temas que reportan tanta plata sepan casi nunca nada.

Es verdad, no se puede buscar ni un culpable ni una sola razón, pero es evidente que no se rebusca ni lo más mínimo para intentar atajar las causas, que como siempre, son multifactoriales.

Este 2024, que está resultando tan violento como el 2019 y además en un escenario político similar, con elecciones inminentes, hay varios asuntos de fondo que pesan, pero no solo nacionales.

El gobierno ha manifestado sus planes en dos asuntos que tienen que ver con la tierra. Uno es el de permitir el uso de transgénicos para aumentar la producción relacionada al biodiesel y la otra igual, pero en relación a los dólares: con los planes sobre la explotación sostenible de los recursos naturales estancados, toca apostar al sector “privado” y al comercio de alimentos como fuente de divisas. Los dos asuntos son de extrema necesidad en este momento, por lo que nadie puede creer en serio que se va a reprimir a quienes pretenden aportar a esa estrategia desde su anonimato.

Hay otro asunto que viene de fuera y que hace a todos los países del Mercosur, y es esa eterna negociación con Europa sobre las posibilidades de copar el mercado y que los agricultores y trabajadores del campo franceses rechazan y boicotean con todo lo que pueden, pues saben que su bienestar económico depende de mantener lejos el grano de la cuenca del Río de la Plata.

Las últimas negociaciones hablaban de poner plazos y vetar cualquier importación de cualquier producto que provenga de terrenos recientemente “ampliados”, para evitar precisamente esa ampliación por la expedita vía del incendio, pero el efecto está siendo el contrario: como la negociación se retrasa, algunos están aprovechando para quemar a toda velocidad y consolidar sus nuevas tierras para los negocios con Europa.

El problema es el de siempre: La falta de autoridad es demasiado grave y nadie parece dispuesto a ponerle el cascabel al gato. Los incendios se multiplican y el revuelo se desborda porque el humo llega a las ciudades y afecta a las cuestiones de salud. Así estamos. Urge una solución.


Más del autor
Escucha lo que sientes
Escucha lo que sientes
Tema del día
Tema del día
La bicicleta y la ciudad posible
La bicicleta y la ciudad posible