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YFPB: ¿Fracking no, Tariquía sí?

No se trata de elegir entre dos estrategias claramente nocivas para el país y su medio ambiente: la incapacidad de crear alternativas debería tener consecuencias

Otra de las grandes contradicciones de los jerarcas del sector hidrocarburífero en Bolivia es su posición de las operaciones respecto al Medio Ambiente. La posición nunca fue sencilla, pero en el origen encontró justificación en términos condicionales: un gobierno que hablaba de “la Madre Tierra” nacionalizaba las operaciones petroleras, lo que – decía – le permitiría controlarlas mejor. En realidad, en Bolivia nadie hablaba de la perspectiva verde de la nacionalización, pero en el nivel internacional "decidieron creer”.

Cuando Morales y su equipo se dieron cuenta de la trascendencia, trataron de capitalizarlo, pero pronto toparon con el otro gran problema de su gestión en esta materia: la carretera por el TIPNIS, sin embargo, el efecto internacional negativo fue escaso por lo que nadie se vio obligado a revisar protocolos.

Solo tres años después de una condena contundente, en el mismo lugar, Evo Morales y el ministro Sánchez abrían la puerta al fracking entregando el área Miraflores a una empresa canadiense

Después estalló a nivel mundial la “crisis del fracking”, un proceso exploratorio que es de todo menos respetuoso con el medio ambiente: se perfora verticalmente, luego horizontalmente alcanzada la cota estimada de éxito, se llena todo de explosivos y tras la detonación, se inyecta agua y otros químicos para que el hidrocarburo suba.

Estados Unidos perfeccionó la técnica y en 2014 empezó a producir en su propio territorio a precios más bajos inclusos que Arabia Saudí, donde el barril costaba por aquel entonces unos 10 dólares. Era el principio del fin de los precios altos pues muchos países aceleraron también la inversión en ese tipo de yacimientos, entre ellos Argentina con Vaca Muerta.

En ese contexto, en pleno abril de 2015, el entonces poderoso ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, suplió a Evo Morales en un acto de firma de memorándums con Petrobras y Gazprom, las gigantes petroleras de Brasil y Rusia, enfocadas en las perforaciones en aguas abiertas y principalmente las más perjudicadas por el salto competitivo del gas de esquisto que produjo una caída de precios desde finales del 2014 hasta enero de 2016 donde se recompusieron ciertos equilibrios para dejar el barril en el entorno de los 70 – 80 dólares que se han manejado incluso con el estallido de la guerra de Ucrania.

Quintana no dudó entonces en hacer una enconada defensa de la Madre Tierra y criminalizar la técnica de extracción no convencional desde el Salón del Hotel Los Parrales de Tarija, pero esto estuvo lejos de ser una posición ecológica.

Solo tres años después, en el mismo lugar, Evo Morales y el ministro Sánchez abrían la puerta al fracking entregando el área Miraflores a una empresa canadiense de la que nunca más se supo; pero sobre todo, el ministro Sánchez había articulado una serie de decretos que desmontaban la protección de Parques Naturales sacrificando así cualquier intento de pasar por un régimen “ecologista” o defensor de la “Madre Tierra”.

No se trata de elegir entre dos estrategias claramente nocivas para el país y su medio ambiente, pero conviene recordar el contexto de una serie de decisiones que, en su insistencia, nos han condenado al vaciamiento total de las reservas sin alternativa ni solución de continuidad. Hay responsables de esto. El presidente Luis Arce debería saberlo.


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