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La migración y los fracasos

Más allá de los reportes de remesas, el costo de la migración se paga en los países donde desaparecen las personas más cualificadas para trabajar

Uno de los datos más esperados del próximo censo es precisamente el que informará de la migración en el país, pues desde hace unos años, la tendencia ha ido a la baja, aunque los ingresos han seguido creciendo. Por lo general, el alza de la vida en Bolivia y también en los lugares prioritarios de destino de nuestros migrantes – España, Brasil, Chile – o el hundimiento de sus economías como en el caso de Argentina, han configurado un nuevo escenario.

El fenómeno es controvertido. Por lo general los países ricos se llevan la potencia de trabajo de los países pobres, los exprimen durante años y en ocasiones, retornan ya en la edad del retiro, aunque cada vez son más quienes simplemente migran sin mirar atrás, sin plan de retorno y apenas, con plan de enviar dinero, sino que simplemente se constituyen en nuevas familias en el país de destino que cumple una función social y, muchas veces, cubren trabajos para los que falta mano de obra. Aun así, en tiempos de crisis la migración suele ser caballo de batalla para las formaciones más conservadoras que necesitan encontrar culpables de su suerte al margen del sistema, al que no cuestionan.

El monto de las remesas que envían los migrantes a sus países de origen se multiplicó por seis en 20 años y supera la inversión extranjera directa en las naciones en desarrollo, mostró un nuevo estudio de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Entre los años 2000 y 2022, las remesas en el mundo aumentaron 650 %, pasando de 128.000 a 831.000 millones de dólares, y la tendencia alcista se mantuvo incluso durante la pandemia covid-19 y bajo el impacto económico de esa crisis.

El Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2024 también muestra que el mundo ha llegado a cifras récord de personas desplazadas, al tiempo que destaca a la migración internacional como agente que impulsa el desarrollo humano y el crecimiento económico.

De los 831.000 millones de dólares remitidos en 2022, fueron enviados por los migrantes a países de renta media y baja 647.000 millones de dólares, y en muchos casos “pueden conformar una porción muy significativa del Producto Interno Bruto de esos países”, de acuerdo con el informe de la OIM.

Los migrantes suman actualmente 281 millones de personas en el mundo, 3,6 % de la población global. Asimismo, la cifra de personas desplazadas ya sea por los conflictos, la violencia, la pobreza, el cambio climático, los desastres u otros motivos, ha alcanzado el nivel récord de 117 millones en el mundo, más 71,2 millones dentro de sus propios países.

Curiosamente, casi todos los informes y estudios sobre el impacto de la migración narran las consecuencias en el norte y no en el sur, es decir, sigue faltando mucha información sobre qué sucede en los países expulsores de población después de perder a su población más calificada – cabe recordar que los más pobres ni se plantean migrar -, y tal vez sea precisamente porque lo que se encuentra es demasiado doloroso.

Mandar compatriotas a la migración es sin duda una de las grandes derrotas como nación y no hay reporte de remesas que pueda ocultar el desastre. Bolivia, desde luego, no está libre de ese problema y bien haría en reflexionar las causas.


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