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El placer de leer

Aprender a leer sigue siendo el gran desafío del aprendizaje y la llave que abre la puerta al pensamiento complejo y por eso, hay que cultivarlo

En dos días se celebrará el día internacional del Libro, el 23 de Abril, que coincide con fechas señaladas en la vida de tres grandes exponentes de las letras en español y en inglés: La Unesco lo eligió porque ese día habrían fallecido Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, y en medio de la vorágine política y bélica que nos consume los días, bien conviene dedicar un domingo a reflexionar sobre uno de los grandes placeres de la vida humana a lo largo de los siglos: leer.

Leer forma parte del placer y de la felicidad tan ajenos a las felicidades y los placeres que nos ofrecen las multinacionales del consumo. Forma parte de la plenitud que otorga la utilización de las facultades mentales como son la fantasía, la memoria, la imaginación, la emoción, el raciocinio y la inteligencia cuando se unen para construir un mundo de ficción autónomo de la realidad en que se fundamenta y al mismo tiempo tan real como la misma realidad.

En nuestro país, tres de cada 100 bolivianos leen dos libros al año, según análisis que realizaron escritores de La Paz. En Europa el porcentaje llega al 67% y hay un promedio de 17 libros al año. De esto también tiene la culpa Internet y su nuevo lenguaje, en el que leer mucho ya no es tan importante como acceder a una información multimedia, ya digerida.

Lo contradictorio es que mientras unos se esfuerzan por aprender a leer, otros son lectores en desuso. Desde que se inició el programa de alfabetización un millón de personas nuevas encontraron el mundo de la lectura y escritura, pero, la tecnología está revolucionando el hábito de la lectura, lo está simplificando y haciendo de lo profundo superficial. Eso también está afectando la costumbre de leer. A menudo encontramos resúmenes simples de un libro en imágenes y como no, películas basadas en libros que en realidad matan toda la producción creativa e interpretativa del lector.

Entre los años 2008 y 2010, el editor Nicolas Carr se hizo célebre por un artículo titulado: “¿Está Google haciéndonos estúpidos?” y un libro llamado: Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? La idea básica contenida en ambos textos es que el uso de las tecnologías de la información está generando un tipo de cultura lectora caracterizada por la rapidez e intertextualidad, pero sacrificando los niveles de concentración y reflexión.

En otras palabras, los jóvenes son cada vez más capaces de leer múltiples enlaces a la vez, pero la rapidez propia de la lectura virtual está rompiendo con el hábito de detenerse a procesar y analizar la información leída. Una realidad que nos conduce a una crisis espiritual y humanística que algunos filósofos consideran como muy crítica.

La buena noticia es que estamos a tiempo, porque cada nueva generación es una oportunidad. Aprender a leer sigue siendo el gran desafío del aprendizaje y la llave que abre la puerta al pensamiento complejo. En eso, reforzar el hábito de lectura es vital.  La lectura es la base para mejorar la educación de un país, es hora de que padres y maestros exploten de manera positiva las nuevas tecnologías al punto que no afecten aspectos tan importantes como el hábito de leer.


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