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El 15 de abril y la soledad de Tarija

Los tarijeños son testigos de lo que ha sucedido en todo este periodo en el que se pidió ayuda y nos respondieron: Tariquía

Si no hubiera habido más alternativa que someterse a lo establecido; si nadie hubiera logrado generar la ilusión de una forma diferente de hacer las cosas y el Moto Méndez y las tropas patrióticas no se hubieran rebelado contra el invasor español, hasta hoy seguiríamos bajo el yugo, porque así había sido siempre y nada más.

Han pasado 207 años desde aquella rebelión que forma parte de la historia de liberación más grande de la humanidad todavía insuficientemente contada, donde quedan multitud de asuntos por profundizar, analizar y entender, pero que parten de una idea común: la de ser capaces de hacer las cosas de una forma diferente. La de ser capaces de tomar las propias decisiones y defenderlas.

Este 15 de abril nos encuentra con las mismas urgencias de siempre, con la emergencia interior de querer hacer las cosas de otra manera, con la voluntad de formar parte, que no es  sentarse a esperar qué deciden en La Paz, pero además, con el cuero más duro que nunca después de años de olvido, de promesas rotas y de excusas, justo en el momento en el que más falta hacía un poco de atención y de cariño.

Acabada la fiesta de las regalías, que duró poco, nos encontramos con que el departamento apenas había cambiado su fisonomía y su orientación

Tarija está saliendo por sí sola de uno de los periodos más críticos de su corta existencia, porque aunque el país empiece a sentir ahora los problemas derivados de la quiebra del negocio del gas, en Tarija llevamos desde 2016 hablando de crisis, recortando estructuras, desahuciando obras, postergando sueños y migrando, porque la burbuja se inflamó tanto que apenas tardó en estallar, y una vez que estalló nos encontramos un reguero de obras insulsas y sin terminar, de compromisos adquiridos que siempre debieron ser cubiertos por el Estado y de programas que se volvieron insostenibles quebrando no pocas ilusiones.

Acabada la fiesta de las regalías, que duró poco, nos encontramos con que el departamento apenas había cambiado su fisonomía y su orientación; que la “industrialización” del gas se redujo a una enorme planta separadora de líquidos que no abastece ninguna petroquímica y que funciona a medio gas porque el GLP nos sale por las orejas y una termoeléctrica en el Chaco que quema gas tarijeño para hacer electricidad y mandarla por el SIN a miles de kilómetros  porque si no, tal vez nunca hubiera llegado el Interconectado ni aun pagándolo; que el Estado del Bienestar se resumió en construir hospitales grandes y dejarlos vacíos por falta de ítems y equipos; que las carreteras siguen siendo tanto o más peligrosas; que con suerte construimos algunos parques; que algunos se avivaron con algunos puentes y que después de todo, nos sigue quedando la uva, el clima y la chura gente como materia prima con la que desarrollarnos.

El tiempo pasa y las promesas ya no suenan. Los tarijeños son testigos de lo que ha sucedido en todo este periodo en el que se pidió ayuda y nos respondieron: Tariquía, pero como tampoco somos de llorar, aquí seguimos poniendo el hombro, buscando la vuelta y cualquier motivo para festejar e ilusionarnos con lo nuestro, sin pedirle nada a nadie, sin deberle nada a ninguno.

Tarija está saliendo adelante por los méritos de su gente, sus trabajadores, sus comerciantes, sus académicos, sus productores, sus emprendedores. De todos. Por ilusión, por trabajo, por creatividad, por pasión, por ganas. Por eso festejamos y gritamos Vivas a la libertad, a los héroes y a Tarija.

Feliz 15 de abril.


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