El gas y la valentía del cambio

Que sea tarde para avanzar en la exploración tradicional no quiere decir que no haya posibilidades para el rubro en su conjunto

El presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) ha declarado que quiere hacer de la empresa corporativa la primera del país en exploración y explotación de hidrocarburos, lo cual es una excelente noticia que, efectivamente, llega muy tarde.

El presidente Armin Dorgathen está diciendo cosas que nadie se atrevió a decir en esas instancias de poder hasta el momento, ni siquiera en los años de mayor fiebre nacionalizadora, lo cual desnuda la inconsistencia de una época en la que, por cierto, el actual presidente del Estado participó con mucho entusiasmo. Sin embargo, debería cuidar las afirmaciones que no son verdad, pues las hemerotecas de hoy están a golpe de clic.

El MAS había abanderado la recuperación soberana de los recursos naturales pero las petroleras abrieron hilo directo con la Vicepresidencia

Es verdad que la política hidrocarburífera del MAS en el gobierno ha cambiado mucho con el tiempo siempre en función de la coyuntura y que los datos siempre han chocado con el relato.

La primera mutación fue casi inmediata. El MAS había abanderado la recuperación soberana de los recursos naturales y en mayo de 2006 cursó el decreto de nacionalización, como no podía ser de otra manera, pero el desarrollo del mismo nació ya con dificultades. Las petroleras abrieron negociaciones directas con la Vicepresidencia y el ministro que simbolizaba precisamente la medida, Andrés Soliz Rada, acabó renunciando en septiembre ante las reiteradas desautorizaciones. La nacionalización se convirtió en una serie de contratos de servicios que dieron por zanjadas las cuentas pendientes de la capitalización e incluyeron un anexo por el que se colaron muchos de los grandes gastos faraónicos.

Los precios internacionales ayudaron a un incremento espectacular de recursos, sobre todo a partir de 2013, pero para entonces ya se había advertido de la escasez de reservas y del ritmo extraordinariamente bajo de la industrialización. El segundo caso se podía entender por los fuertes intereses económicos que involucraba al otro lado de la frontera, que se materializaron en estrategias que al menos retrasaron la puesta en marcha de las plantas separadoras y petroquímicas. Sin embargo, nadie puede explicar por qué se consintió tanto y se actuó tan negligentemente en cuestiones de exploración.

A partir de 2015, ya con todas las alarmas prendidas, el entonces ministro Luis Alberto Sánchez recibió el encargo de olvidarse de la industrialización y concentrarse en multiplicar las reservas, porque efectivamente, en ese escenario de escasez, no cabía siquiera la posibilidad de evaluar la apertura de nuevos mercados… y se lanzó sobre las Reservas Naturales protegidas además de establecer un fondo para premiar a las petroleras por hacer más rápido su trabajo…

Huelga decir que fue un fracaso, pero tampoco es correcto que el señor Dorgathen diga suelto de cuerpo que no les dejaron ningún proyecto de exploración avanzado, cuando en Tarija mismo tenemos varios amenazando el patrimonio natural que ni este ni el anterior gobierno se atrevieron a avanzar ni a retirar.

El sector energético merece una nueva reflexión donde el Estado debe jugar un rol esencial, porque como se ha demostrado en Bolivia y en otros muchos países del entorno, nadie regala nada. Que sea tarde para avanzar en la exploración tradicional no quiere decir que no haya posibilidades para el rubro en su conjunto. Eso sí, las medidas audaces suelen requerir transparencia y valentía política, y no andamos sobrados de eso últimamente.


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