El dólar y la paz cruceña
Una de las principales causas por las que la gente no se ha volcado a cambiar sus ahorros a dólares es, fundamentalmente, porque apenas tienen ahorros
Probablemente la campaña contra el dólar continuará unos días más. La contundencia no es una seña de identidad de este gobierno de Luis Arce. De momento ningún organismo internacional ha encendido señales de alerta, ni siquiera las agencias de calificación, y las medidas adoptadas han calmado a aquellos que habían sido contagiados por el alarmismo desatado por intereses políticos y especulativos.
Que esto sea así no significa que la economía esté tan blindada como se pretende mostrar: una de las principales causas por las que la gente no se ha volcado a cambiar sus ahorros a dólares es, fundamentalmente, porque apenas tienen ahorros. El problema principal de la economía nacional es que las familias viven al límite y que cualquier contratiempo, de salud, por ejemplo, puede hacerlas caer al pozo de la vulnerabilidad.
Todo apunta a que, como hemos vimos mil veces con nuestros vecinos argentinos, alguien está guardando sus dólares, no en el colchón, sino en algún paraíso fiscal
Aún así, el dato objetivo es que las reservas en dólares han mermado aceleradamente y que más allá de que en su momento se cometiera la irresponsabilidad política de sacar músculo con un dato parido por la coyuntura que ahora revienta en la cara como un boomerang, la pregunta es ¿dónde están los dólares?
El gobierno de Arce tiene un serio problema con la comunicación, que tiene que ver con la endogamia, pero también con la soberbia, por ello le cuesta reconocer que hay problemas contables, que hay endeudamientos solicitados, no cobrados y otros que hay que pagar de los que tampoco se quiere hablar, como si no existieran, pero aún así, siguen faltando dólares.
La subvención del diésel ha requerido muchos más dólares de los que estaban en el presupuesto, y con seguridad se han pagado religiosamente, incluso en aquellos procesos heredados en los que se han descubierto extrañas operaciones, pero al mismo tiempo los cobros por la venta de gas se han trabado tanto en el último Brasil de Bolsonaro como con el “aliado” Alberto Fernández en Argentina, constituyendo este uno de los grandes problemas “de los que no se puede hablar”, pero que afectan en demasía.
Y aún así, siguen faltando dólares: 2022 fue el año en el que se marco el récord en las exportaciones nacionales con 13.000 millones de dólares mientras se experimentaba con relativo éxito con el programa de industrialización con sustitución de exportaciones. Hasta nosotros cambiamos el papel de este periódico de una importado al de Papelbol en un gesto más patriótico que económico. Pero los dólares siguen faltando.
Todo apunta a que, como hemos vimos mil veces con nuestros vecinos argentinos, alguien está guardando sus dólares, no en el colchón, sino en algún paraíso fiscal aprovechando los beneficios fiscales de la exportación y la incapacidad manifiesta del sistema por seguir las pistas y garantizar un sistema justo y equitativo.
Pronto veremos si la paz política aparentemente alcanzada en Santa Cruz tiene consistencia en lo económico o sí, por el contrario, fue solo una ilusión que puede arrastrarnos a todos a un momento turbio y duro.


