Carreteras cuestan vidas

El mantenimiento de las rutas al norte y a Bermejo son insuficientes, mientras que en el Chaco las deficiencias multiplican los muertos en accidentes

Como la temporada de lluvias está siendo más benigna que en otras ocasiones, la Administradora Boliviana de Carreteras está pasando un verano de lo más plácido en Tarija, pero eso no quiere decir que las rutas tengan siquiera un mínimo de garantías o la calidad que se les presupone. Confiarse es probablemente lo más riesgoso que puede suceder a estas alturas del año.

La deuda del Estado en infraestructuras viales en Tarija es enorme. Su capital llegó al siglo XXI sin estar conectada por asfalto con ningún otro municipio fuera del valle central y solo con mucho esfuerzo se lograron terminar la que conecta con Bermejo y la que conecta con Potosí. Ambas se han cobrado centenares de víctimas en el siglo XX, pero también en el XXI, y el número viene aumentando en los últimos años.

La ruta a Bermejo se ha deteriorado a gran velocidad, algo que se atribuye al poco esmero que le puso la empresa brasilera Queiroz Galvao a una ruta que venía a contactar Bolivia y Argentina. El trazado sinuoso ha exigido múltiples correcciones y aun así, el paso del tiempo ha aflorado más rápido de lo que se esperaba, especialmente en los lugares más húmedos.

Lo propio sucede con la ruta al norte, esa que la OAS nunca inauguró porque se convirtió en la carretera con más tiempo en construcción, donde algunos de sus defectos, como las losas de pavimento rígido, se convirtieron en objeto de estudio académico. En apenas una década de uso, el envejecimiento se nota, y no se trata de volver a licitar su construcción, sino de tener prevista una intervención de alto calibre antes de que sea tarde pues el mantenimiento ordinario no está apenas logrando mantenerle la cara.

El capítulo extra se escribe cada semana en las rutas del Chaco, y no solo en la vía Entre Ríos – Palos Blancos, que es un monumento a la desidia y a la sinvergüenzura del seguidismo político. Fue así, desde el llunkerío, que se permitió encargar una obra a una empresa española sin ninguna experiencia en el terreno, a la que se le permitió suavizar los asuntos del contrato más exigentes - taludes, curvas y pendientes – para que al final desapareciera prácticamente sin dejar rastro más allá de una carretera deshaciéndose y poniendo en peligro a todos los que la transitan.

La ruta 9, que era la única asfaltada al iniciar el siglo porque vertebraba el oriente desde Santa Cruz y los pozos petroleros, es hoy por una pista de alto riesgo que acumula docenas de accidentes al mes, muchos con víctimas fatales en el tránsito entre Yacuiba y Villa Montes, mientras que la ruta Yacuiba – Caraparí sigue pendiente de un túnel aprobado hace ya una década pero en el que nadie quiere gastar lo que le corresponde y la que continua a San Antonio es apenas un trazo en una de las fronteras más vulnerables del planeta escondida entre pozos de gas abandonados.

Tarija necesita mejores carreteras y eso no tiene color político. Es necesario que todos estemos unidos en esta reivindicación, porque de lo contrario, difícilmente podremos captar siquiera la atención mientras decenas de nuestros vecinos, fallecen.


Más del autor
Tema del día
Tema del día
Confía en el tiempo divino
Confía en el tiempo divino