El ruido de la Celac
La Celac necesita concretar sus propuestas; el Banco del Sur, la moneda única, los mecanismos de solidaridad interregional, en las fórmulas para ayudarse y no solo para hacerse competencia.
Lo más importante de la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) celebrada el pasado martes en Buenos Aires fue, sin duda, el hecho mismo de ser celebrada. El retorno de Brasil a la cumbre de la mano de Lula da Silva le vuelve a dar la entidad necesaria a la institución que pretende arrebatarle a la Organización de Estados Americanos la consideración de espacio referente para tratar los asuntos concernientes a la región.
El ente es poderoso. El espacio representa el 5 por ciento del PIB Mundial aproximadamente con apenas el 8 por ciento de población, pero la riqueza de recursos naturales, minería, petróleo, agua dulce, y oxígeno la convierten en una de las regiones más pujantes del planeta, eso sí, siempre que sus representantes políticos estén a la altura.
Seguramente por esto, el ruido acompañó a la cumbre en todo momento: antes de empezar con la anunciada llegada del presidente venezolano Nicolás Maduro, que exaltó a los dirigentes más a la derecha en una Argentina ya electoralizada; durante la cumbre con la disparidad de criterios sobre lo que sucede en Perú – en general todos pidieron acabar con la violencia y optar por la vía electoral – y después de la cumbre con los arrebatos de Lacalle Pou, al que no le gustó nada que el ministro de Economía argentino lo considerada “un hermano menor del Mercosur”.
El documento final de la cumbre tiene cien puntos, así que como es de esperar, está prácticamente todo, repleto de buenas palabras, exhortaciones vacías y compromisos sin fecha. Hay declaraciones contra el bloqueo en Cuba, por las Malvinas, por el cambio climático, por la guerra de Ucrania, sobre la precariedad laboral, sobre la migración o sobre los Corredores Bioceánicos. Hay sobre todo, pues tampoco se puede dejar pasar un año con tanta afinidad ideológica entre la mayoría de los presidentes.
La mayor atención se la llevó la propuesta de la moneda común que no era especialmente objeto de esta Cumbre, pero fue una de las conclusiones relevantes de la bilateral entre Lula y Alberto Fernández en la previa y que el mandatario brasilero ya había llevado en su programa electoral y que es clave en un momento de dólar fuerte y actuaciones confusas de los Bancos Centrales del mundo entero.
Lo cierto es que es urgente llenar de “contenido” la Celac, y eso no se logra de otra forma que creando los propios instrumentos políticos, jurídicos y financieros necesarios para sostener una acción conjunta. Y ahí está la verdad de la milanesa.
La Celac necesita empezar a trabajar en la concreción de sus propuestas y planteamientos; en el Banco del Sur, en la moneda única, en los mecanismos de solidaridad interregional, en encontrar fórmulas para ayudarse y no solo para hacerse competencia.
El sueño de Bolívar está más cerca, pero hay que evitar perderse en los asuntos que no conducen hacia el lugar correcto. Hay que evitar el ruido y concentrarse en lo importante teniendo claro que nadie nos querrá nunca como nosotros mismos.


