El mar de gas y las mentiras
El exministro Sánchez habló de la abundancia de las reservas no convencionales, pero que YPFB no se atreve a explorar. Economía respaldó las disponibilidades presupuestarias en las estimaciones de gas
No es infrecuente que un ministro cargue contra la gestión de su antecesor o de otro cargo del gobierno anterior, pero cuando se trata de gobiernos del mismo signo político, el asunto debe interpretarse en el marco del conflicto, pero precisamente por ello, lo dicho es aún más relevante.
El ministro de Economía Marcelo Montenegro desahució la semana pasada uno de los conceptos más míticos que acabaron por hacer naufragar la gestión del exministro de Hidrocarburos Luis Alberto Sánchez, tarijeño él y poco amigo de este medio, dicho sea de paso. Montenegro tildó de falso el “mar de gas” sobre el que Sánchez aseguraba que nadaba Bolivia y que era la base conceptual del programa “Corazón Energético de Sudamérica”, que efectivamente, nunca se ha desarrollado.
Hoy por hoy YPFB parece haber levantado las manos y, de acuerdo a lo dicho por el ministro Montenegro, el gobierno asume que no habrá novedades en el sector hidrocarburífero, cuyas reservas se van acabando a toda velocidad, una actitud que contrasta con los planes de titularizar precisamente esas reservas para capitalizar la empresa estatal.
Nunca se encontró el “mar de gas” del que hablaba Sánchez, pero sobre todo porque nunca fue capaz de explicar bien a qué se refería, no porque no supiera – o tal vez sí – sino porque la decisión tenía fuertes implicaciones políticas y de proyección internacional del “primer presidente indígena y defensor de la Madre Tierra”.
Sí, Luis Alberto Sánchez hablaba de las reservas no convencionales, esas que deben ser extraídas por la temida técnica de la fractura hidráulica (fracking) que durante lustros ha aterrorizado a ecologistas y vecinos por el impacto que tiene en los acuíferos y que se ha prohibido en los países más “verdes” – principalmente en Europa -, pero que ha enriquecido a las petroleras en Pensilvania, por ejemplo, y ha generado toda la expectativa en Vaca Muerta, Argentina.
Hasta ahora YPFB y el Gobierno se mantienen al margen de este debate, pues ni los antecesores se atrevieron a abrirlo ni los actuales parecen estar interesados, pero no hay duda de que obviarlo está siendo un lastre para el país, que no puede aprovechar lo que seguramente será el último tren del gas natural.
Ahora, que el ministro de Economía que lleva toda la vida formando parte de la estructura de Luis Arce, esa misma que durante años ha entregado certificados de viabilidad y autorizado presupuestos en base a los cálculos que se hacían sobre el gas venga a decir ahora que lo del “mar de gas” era incorrecto no da ninguna seguridad al país, ni a los departamentos, ni a ningún inversor.
Sánchez no mentía cuando hablaba del mar de gas, ahí están los datos y los estudios de varias consultoras internacionales con tanto prestigio como interés en el sector - todo hay que decirlo -, otra cosa es que hubiera que guardar las formas y se decidiera no arriesgar – sobre todo porque la inversión igualmente era cara -. Ahora, si esto era mentira, conviene revisar entonces la legitimidad de ciertos endeudamientos, sobre todo en Tarija, adoptados gracias a una certificación que decía que llegarían los recursos y que no la firmaba Sánchez.
El tiempo pasa y el debate sigue cerrado. Veremos si esto de depurar las “mentiras” contribuye a algo.


