Intervención del Estado, fin del debate

La derecha transnacional ha abandonado el barniz de las teorías económicas del libre mercado y abraza ya modelos iliberales de Estado

Hay debates que, aunque se refutan en el mundo entero con la propia práctica política y económica, en algunos países se enquistan y lo convierten al fin y al cabo en un lastre. Es verdad que no existen soluciones milagrosas para impulsar el desarrollo en todos los países del mundo, pues lo que a unos les sirve a otros no, pero desde luego hay grandes consensos que ya no se discuten. Uno de ellos es el del liberalismo.

Lizz Truss fue la última representante de esa escuela que llegó al poder en el Reino Unido sin pasar por las ánforas. Todo lo contrario. Truss y su camarilla tumbaron al excéntrico premier Boris Johnson el año pasado justo después de la cumbre de la OTAN y poco antes de la muerte de Isabel II, representar al Gobierno en sus funerales ha sido, de hecho, la única misión que llevó a cabo Truss y hay voces que señalan que fue una especie de última voluntad, pues el polémico líder del Brexit ya había superado los principales escándalos derivados del Covid al ser cesado.

La cuestión es que Truss planteó de a nada una reforma fiscal de esa en la que se rebajan los impuestos a los ricos y se espera que las reglas teóricas del mercado hagan su efecto. Obviamente fue un desastre y los grandes poderes económicos la pusieron de vuelta a casa.

La crisis de 2008, la de deuda de 2013 y todo lo que se viene derivando del efecto de la pandemia y de la guerra de Ucrania – Rusia han acabado de borrar del mapa esas tesis liberales del Estado mínimo y las bondades del mercado: han sido los estados más fuertes los que mejor han protegido a su población de la enfermedad y de su impacto económico, mientras que todos vimos lo que pasó con la provisión de vacunas, compra de PCR, etc., en el mercado libre y bondadoso, o lo que pasa ahí fuera con el incremento de precios y la intervención de la ortodoxia de los Bancos Centrales.

Europa, Estados Unidos y las grandes potencias de Asia han dado por superado este debate, pero sobre todo los que están hablando son los ciudadanos cada vez que van a las ánforas, particularmente en Sudamérica, donde han apostado por las opciones que prometen más estado social y menos libre mercado. Esto lo tienen anotado las derechas de todo el mundo, que se han desprendido a marchas forzadas de las teorías económicas, bandera de otro tiempo, mientras abrazan los otros elementos del conservadurismo que les define. Es la derecha iliberal.

Bolsonaro es probablemente el gran ejemplo de este cambio, pues llegó prometiendo estado mínimo y acabó aprobando un Estado de emergencia para poder repartir bonos a diestro y siniestro intentando ganar las elecciones. Es la nueva (vieja) derecha escorada al extremo, desprovista ya del barniz de las teorías económicas, apostando por oligarquías, clases y Estado, eso sí, dominado por los de siempre.

Es interesante que en Bolivia se retomen debates sobre el rol del Estado y las teorías capitalistas y que algunos actores políticos salgan de la madriguera donde querían estar para mojarse un poco, pero lo cierto es que esos debates ya ni siquiera se sostienen en los recintos académicos, siempre tan teóricos y desprovistos de las bofetadas de la política real.


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