Lo que el litio debe unir
Hasta ahora el proyecto del litio se viene manejando como si fuera un proyecto de gobierno y no de país. Evitemos ahora que aún se puede que el litio sea la enésima excusa para pelear y dividirnos
La batalla por el litio está abandonada y, salvo sorpresa, no se cumplirán los plazos iniciales para elevar la actividad con la entrega de nuevas plantas previstas para este inicio de 2023. El asunto es grave porque el litio debe ser el negocio que sustituya al gas con todas sus limitaciones y sirva de palanca para apuntalar un desarrollo que no debería volverse a construir sobre regalías y prebendas, sino sobre utilidades e impuestos.
En 2019 los grandes medios simpatizantes de Morales en el exterior compraron aquella idea de que el litio había sido el verdadero objeto de deseo y lo que estaba detrás de aquel abrupto cambio de gobierno. No ayudaron las “bromas” del excéntrico e irresponsable dueño de la entonces mayor empresa de vehículos eléctricos, Tesla, y hoy más popular por ser el dueño de Twitter, Elon Musk, que aseguró que “golpearemos donde sea necesario”.
Lo cierto es que los potosinos si llevaban entonces varias semanas movilizados en contra de la adjudicación de un contrato a una empresa alemana que preveía desarrollar determinadas tecnologías en consorcio con el Estado durante un largo plazo. El contrato cayó.
Con el retorno del Movimiento Al Socialismo al poder, el proyecto del litio se mantuvo de acuerdo a los lineamientos originales, es decir, desarrollar toda la cadena íntegramente con capitales y empresas estatales, una fórmula lenta pero soberana que evidentemente tiene sus detractores y también sus defensores, pero donde todo pasa por el manejo de tecnologías y patentes.
La industria está creciendo y cambiando, pues los requerimientos de material para la revolución del auto eléctrico son sustancialmente mayores a las que se necesitaron para la revolución de los celulares. Los métodos de desalación y concentración de la salmuera son demasiado lentos para un mercado ansioso que se volverá voraz, algo que efectivamente acabará pagando, como siempre, el propio ecosistema en el que se desarrolla la actividad, que dejará de ser tan amable. El plan pasó a ser licitar precisamente la experimentación de nuevas técnicas, y ahí es donde se está perdiendo el control del negocio.
La cuestión es que, además, con probabilidad, pronto nos encontraremos atrapados en medio de una negociación por los pequeños trozos del pastel denominados regalías y que, desde hace demasiado tiempo, se han mostrado contraproducentes para ser palanca de desarrollo.
Potosí y Oruro deben sentir efectivamente el impacto positivo de lo que debería ser una floreciente industria en su territorio, pero no deberían quedarse al margen del negocio ni fiarlo todo a las regalías, por muy elevadas que sean, pues más temprano que tarde, como bien se sabe en Tarija, se acaban.
Hasta ahora el proyecto del litio se viene manejando como si fuera un proyecto de gobierno y no de país. Quien corresponda debería hacer un esfuerzo para integrar a todos en este momento de inminencia y necesidad. Evitemos ahora que aún se puede que el litio sea la enésima excusa para pelear y dividirnos.


