Lula y la Patria Grande

La idea del banco del Sur era tan sencilla como legítima: repatriar las reservas colocarlas en un ente multilateral, público y preocupado por el desarrollo sudamericano y nada más

Ahora sí, Lula da Silva vuelve a ser el presidente de Brasil después de la accidental travesía en el desierto que ha supuesto la gestión de Jair Bolsonaro, tan lejos de todo y de todos. Es verdad que Lula ha tenido que atravesar sus propios ríos de sangre, que ha pactado con todos, incluyendo el centro derecha tradicional, y que ha renunciado a la parte más revolucionaria de sus planteamientos, pero aún así, un Brasil más fuerte y conectado pasa por ser la esperanza para que la región alcance un mayor peso específico en el mundo.

Latinoamérica es apenas un 8 por ciento de la población mundial, pero solo Brasil es un tercio de ella. Sudamérica tiene 18.000 kilómetros cuadrados y casi la mitad, son territorio brasilero, el país que tiene frontera con todos menos con Chile. Brasil, guste o no, sigue siendo demasiado importante para la integración y la Patria Grande, aunque todo lo haga más desigual.

Lula ha hecho una campaña muy a la interna, porque efectivamente Jair Bolsonaro tocaba todos esos resortes del sentimentalismo patriotero y la demagogia liberal que poco tienen que ver con la construcción nacional. Con todo, ha deslizado algunas de las ideas que efectivamente tendrán que ser concretadas en los cuatro años que tiene por delante.

La primera década del siglo XXI fue la más fructuosa en cuanto a la ideación y recomposición orgánica, el Mercosur, en tanto instrumento al servicio del libre mercado, dejó de ser el elemento central de las conversaciones y se apostó por la conformación de otras como la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) nacida en 2008 con el objetivo de «construir una identidad y ciudadanía suramericana y desarrollar un espacio regional integrado»; también tomó vuelo la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en tanto instrumento político con afán de polarizar con la Organización de Estados Americanos (OEA), pero ninguno acabó de tomar la entidad necesaria, sobre todo porque no se dieron los pasos suficientes para conformar el Banco del Sur, el verdadero instrumento que puede sustentar cualquier cambio político.

La idea era tan sencilla como legítima: repatriar las reservas depositadas en los bancos triple A de occidente y colocarlas en un ente multilateral, público y preocupado por el desarrollo sudamericano y nada más, una vuelta de tuerca a la CAF, el BID y todos esos que acaban respondiendo a los intereses de los más poderosos.

Lula ha planteado esta vez ir más allá y ha hablado de ampliar el Mercosur con identidad e implementar incluso una moneda única para todas las naciones sudamericanas. El desafío es enorme, pero la proyección que le daría a esta enorme región, rica en recursos naturales y granero mundial, es enorme.

Se trata de ir paso a paso, pero sin perder tiempo. Las condiciones de base se han dado, han vuelto a coincidir como en la primera década del siglo, pero las legislaturas son cortas y la burocracia es enorme. No conviene ir dejando las cosas para más adelante.


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