Justicia para 2023

En la coyuntura, convulsa con la que se despide el año, la lista de deseos para el año siguiente que habitualmente se hace en estas fechas resulta altamente desvirtuado

Los sucesos de fin de año han puesto el colofón a doce meses marcados por la pugna política interna del Movimiento Al Socialismo (MAS) y la incertidumbre económica, dos asuntos que no abandonarán el país en 2023 sino más bien, todo lo contrario. No es que la polarización política esté instalada en términos de discursos, sino que se está alimentando el odio entre regiones bolivianas de una forma intolerable y de alto riesgo en un país en el que nunca se puede decir que algo no vaya a pasar: ahora más que nunca, cualquier cosa puede pasar desde enero.

Es evidente que unos han decidido mostrar fuerza – más que a nada al sector crítico de su partido – encarcelando al gobernador electo de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, tres años después de los hechos que se le imputan y casi dos años después de que se le citara a declarar sin que este atendiera el llamado. Sin entrar al asunto de fondo, es inaudito que un Estado permita que tales cosas sucedan, pero, además, es ciertamente absurdo entender que existan hoy más riesgos procesales de fuga o de destrucción de pruebas que durante los dos años en los que el gobernador cruceño ha hecho caso omiso.

El gobierno cree haber dado un golpe de efecto hacia sus bases metiendo en prisión a la persona que lideró las protestas que sacaron a Evo Morales del país, pero el propio Evo Morales, que lidera el sector crítico, considera que ha pasado demasiado tiempo y que faltan sus cómplices, con lo que los efectos pueden ser vanos en términos internos y muy perjudiciales para el conjunto del país. Santa Cruz no deja de ser el motor económico del país y un conflicto a escala internacional puede tener muchos problemas para obtener financiación y cerrar grandes negocios, incluidos los del litio. Sin duda, el asunto está complicado.

En esta coyuntura, la lista de deseos para el año siguiente que habitualmente se hace en estas fechas resulta altamente desvirtuado. En un país altamente convulsionado será un milagro que la coyuntura inflacionaria mundial no acabe penetrando en la economía real del día a día, lo que puede abrir nuevos espacios de conflicto.

Al mismo tiempo, resulta demasiado ingenuo el desear “paz y reconciliación” para 2023 o que los conflictos pasen, porque nada de esto se solucionara sin la intervención directa del pueblo soberano y ordenando el poder que debería ser capaz de cuidarnos a todos: no podemos vivir con una justicia podrida que se administra en función de los intereses políticos de unos sobre los otros.

Bolivia debe resolver un problema de fondo que amenaza con resquebrajar todos los pilares de su institucionalidad. Sin Justicia independiente toda acción de gobierno resulta ilegítima. Es un deber de todos los bolivianos contribuir a cambiar el sistema de justicia con profundidad, y ese tema asumimos también en El País como prioridad y mejor deseo para este año que viene.

Mientras, en la medida de lo posible y con todo el cariño de siempre, les deseamos a ustedes, queridos lectores, un feliz y próspero 2023, trabajemos juntos para que así sea.


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