2022 y la recuperación económica

Tarija ha logrado salir de una recesión de seis años en base a la austeridad; la coyuntura internacional de inflación y precios altos del gas invita a ni bajar la guardia

El año entra en su recta final y es sin duda el momento de hacer balance en un año 2022 que no ha dejado indiferente a nadie. Desde hoy dedicaremos este espacio editorial para analizar lo sucedido en diferentes ámbitos, a evaluar las decisiones que finalmente han servido para dar forma al año y sí, en algunos casos, han merecido la pena.

Para Tarija este 2022 ha sido, aparentemente un año positivo por una única razón: los datos indican que la economía ha salido de seis años seguidos de recesión creciendo un tímido 2,5% en el tercer trimestre de este año, lo que le servirá para cerrar el año en positivo, algo que no pasaba desde hace demasiado tiempo.

A este cambio de tendencia ha contribuido la coyuntura internacional, pero también los sacrificios internos. El precio del gas se ha disparado de nuevo por la coyuntura internacional y la intempestiva guerra desatada por Rusia al invadir Ucrania, lo que en nuestro caso ha permitido tapar el continuado decremento de la producción. Tarija cada vez produce menos gas y los mercados de Brasil y Argentina lo sienten, especialmente en estos momentos en los que han demandado más al tratarse de un gas más barato pactado en contratos largos. Pero no había que ofrecer.

El crecimiento de las regalías, por las características de la fórmula de cálculo, recién se empieza a notar en las cuentas públicas, por lo que se puede deducir que el crecimiento es producto del esfuerzo de los tarijeños y de alguna forma, de la aplicación de políticas públicas que hayan contribuido a su dinamización, en cualquier caso, es pronto para evaluar estos datos.

La Gobernación ha hecho su trabajo: cerrar proyectos que eran gastos, pagar otros que suponían la estrangulación de algunas empresas tarijeñas y racionalizar el gasto; efectivamente faltan medidas por tomar, pero de alguna forma se compra local, se contrata lo posible y se prioriza la gestión pequeña a las fastuosas luces. La Gobernación debe de ser capaz de sacar el máximo rendimiento de sus recursos en el ámbito local, garantizar que cada uno de sus dólares genera empleo y movimiento económico en Tarija.

Quedan muchas cosas por hacer, en gran parte porque el gobierno nacional, a pesar del deshielo reciente, sigue sin colaborar. Este año ha dolido especialmente el tener que contratar un crédito privado con sus intereses comerciales para pagar a una enorme empresa monopólica y solvente como ENDE la interconexión a Bermejo, que recién se produce. Una actuación que vino acompañada de una congelación de cuentas y otras medidas de presión que entran directas a formar parte del catálogo de acciones que contribuyen a que Tarija reniegue del gobierno del MAS.

2023 es un año para que se acaben de asentar las bases de la recuperación, que efectivamente, después de los miles de millones que han pasado por el departamento, siguen estando en la iniciativa productiva, en la capacidad de emprender de los tarijeños, en su creatividad, en las posibilidades de hacer las cosas de otra manera.

Salimos de la recesión. Lo logramos. Es tiempo sin duda de apuntalar los pilares de esa recuperación y de mirar al futuro con energía. Y con ambición.


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